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martes, 25 de junio de 2013

El derecho al olvido

Se trata de una formulación tramposa en su propio nombre; uno puede olvidar siempre que quiera, y pueda, y sepa. Pero el supuesto derecho al olvido implica una obligación de otros, prohibir que se acuerden de que hice algo, y no veo cómo puede sustentarse un tal derecho. Imaginemos que ese derecho lo invocase, por ejemplo, un heredero de Aristóteles, o de Newton o de Picasso. Se trata de una idea que, en mi humilde opinión, carece de sentido, por mucho que a la intimidad de cada cual pueda molestarle la abundancia y baratura de las informaciones que circulan por doquier. Aunque sea raro, las instituciones de la UE parecen haber acertado con su decisión. 

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