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jueves, 27 de diciembre de 2012

La firma electrónica

Puesto en el trance, una vez más, de tener que demostrar ante la Administración lo que ella sabe perfectamente, o debiera saber, me enfrento de nuevo con la posibilidad de utilizar el engorroso sistema de la firma electrónica, un invento genuinamente español. Pues bien, he de decir que no creo que el sistema añada ninguna seguridad especial en las comunicaciones con la administración; he de añadir que es engorroso estrafalario, lento y absurdo; además, el sistema que se propone para los que no posean el dichoso aparataje de la puñetera firma electrónica es menos seguro que ninguno de los procedimientos digitales ordinarios. ¿Cómo es posible que se puedan mover millones de euros en las cuentas de bolsa o de bancos con un solo click y no se pueda asegurar la entrega de un impreso a la administración sino es con unas vicisitudes dignas del Persiles y Segismunda? Yo creo que la respuesta es asaz simple, entronización de la rutina, y miedo a que se descubra que los Reyes Magos son los padres, es decir que pagamos mucho por lo que no vale nada, pero eso es el poder, ¡qué vamos a hacerle! La pena es que no sepamos ejercerlo como se hace en las democracias mínimamente serias. 

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