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sábado, 29 de diciembre de 2012

El modelo reloj

Siempre me ha parecido que la muñeca es el lugar perfecto para llevar adosado un sistema de información, y de ahí el éxito de los relojes de pulsera que han quedado reducidos a la mera condición de adorno por el hecho de que no se necesitan, en absoluto, para saber la hora. Es evidente que cabe otra alternativa para ese lugar y para ese aparato, pero no ha acabado de madurar, el smartclock, digamos, para distinguirlo del triunfante telefonino, en el que casi con seguridad está pensando Apple, lo que, por cierto, explicaría el mucho dinero que pagó   por copiar, a escondidas, primero, el famoso reloj ferroviario suizo. 
Una vía de diversificación podría ser la de que los telefoninos creciesen hacia las tabletas, vía phablet, y los smartclocks, mucho más pequeños, cómodos, y personales, se hiciesen cargo de las funciones ampliadas de los teléfonos digitales clásicos, música incluida. 

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