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domingo, 25 de noviembre de 2012

Sin síndrome de abstiencia

Para ser de los primeros en poder disfrutar del  nuevo Nexus 4 vendí, bastante bien, la verdad, mi Nexus Galaxy y héteme aquí que la impericia de Google al prever la demanda del modelo  me ha dejado sin mi ejemplar y me temo que  ad kalendas graecas. Creí que me pasaría algo, pero no me ha pasado. He recurrido a un viejo Motorola de mi armario, y asunto resuelto. No tengo síndrome de abstinencia e incluso estoy pensando en renunciar a la compra del modelo, aunque espero que se me pase. Total, se puede estar unas horas sin consultar el correo o ver esas cosas que te has acostumbrado a considerar como indispensables, y no lo son. O sea, que me acercó a la disciplina de Pascal, a reconocer que el secreto de la infelicidad es que no sabemos estar solos en una habitación... y sin el smartphone: pues yo estoy aprendiendo.

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