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miércoles, 7 de marzo de 2012

No se lo digan a nadie

Hoy he tenido una reunión de trabajo en un organismo público. Todo transcurrió como hace veinte años, por decir algo. La sala no tenía ordenadores, ni conexiones a red, ni WIFI (¿Qué es eso? me pregunto el ujier que no era como el de hace veinte años porque iba de paisano, aunque también leía el Marca). Los miembros del grupo llevaban sus portátiles, uno de ellos una tableta  más moderna que le jugó alguna mala pasada, por aquello del quiero y no puedo, supongo. Este es el panorama tecnológico de la España oficial, grandes salones vacíos, muebles viejos, sensación de desamparo, cero en tecnología: un poco deprimente, la verdad. 

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