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miércoles, 22 de febrero de 2012

Las publicaciones científicas

Siguen dependiendo, en buena medida, de decisiones restrictivas de editores que, además, encarecen sus productos y obtienen unos pingües beneficios de un negocio en el que su aportación de valor real es muy discutible y, en cualquier caso, menor. El problema es que las vías alternativas no acaban de consagrarse porque los editores hacían muy bien de filtro, aunque el filtro haya llevado al efecto perverso de confundir la relevancia real de una publicación con su mera aparición en una revista de forzado prestigio. Se trata, como dice Mike Taylor de que un gran animal a punto de morir todavía puede hacer mucho daño. Pero hay que confiar en que es algo que se arreglará, y no demasiado tarde. 

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