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viernes, 23 de diciembre de 2011

El vandalismo de bandalismo

David me advierte del error que he cometido al hablar en mi entrada de ayer de bandalismo, en lugar de vandalismo, como debiera haber hecho. Tiene toda la razón, se lo agradezco, pido disculpas a mis selectos lectores, y lo corrijo. Cuando he leído el emilio de David, acababa de caer en la cuenta de mi error al mandar copia de la denuncia a la casa de seguros, pues volvía a hablar de bandalismo, pero me había olvidado de que hubiese cometido el mismo disparate ortográfico en mi entrada de ayer en este blog. 
Amando de Miguel suele decir que las erratas mejoran el texto, una cita que tampoco me extrañaría que pudiese atribuirse a Unamuno, por ejemplo, pero en este caso no había mejora ninguna. 
Aprovecho la oportunidad del arrepentimiento público, con dolor de contrición, si vale aquí distinguirlo de la atrición, para tratar de explicar las causas que disculpan, solo en parte, el error, y hacer algo de propaganda a favor de un hijo. 
Mi hijo Juan tiene un negocio de música en la red que se llama, precisamente, Bandalismo, de manera que me he acostumbrado a escribirlo de ese modo. En realidad bandalismo de banda es creativo, pero admisible, aunque, obviamente, yo no me refería a eso. 
Desde un punto de vista filológico, resulta curioso que, aunque las bandas suelan ser los sujetos de la mayoría de los actos vandálicos, las etimologías de ambas palabras, pese a su similitud fonética, no tengan nada que ver, o eso dicen los expertos, porque también abundan los abulenses y las avileñas. 
Por fortuna, mi coche sufrió el vandalismo de uno solo, creo, porque los daños son mínimos, aunque gracias a la recia tradición burocrática de esta España nuestra han dado ya lugar a un buen rimero de folios, lo que, a su manera, también me parece un tanto vandálico. 

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