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domingo, 23 de octubre de 2011

¿Sociedad del conocimiento?



Gonçal Mayos y Antoni Brey, Eds., Joan Campas, Daniel Innerarity, Ferrán Ruiz, Marina Subirats, La sociedad de la ignorancia, Península, Barcelona 2011, 236 páginas


No escasean los avisos sobre el error, tan común, de confundir el crecimiento de la información con el avance del saber. La apología de lo tecnológico insinúa que vivimos en el mejor de los mundos posibles, una exaltación que sirve a intereses muy obvios, pero toda exageración genera antídotos, y así, del mismo modo que hay una beatería tecnológica, abunda un tartufismo elegante que condena a la tecnología como fuente de ignorancias y yerros. Este libro muestra aspectos negativos de su desarrollo que pasan inadvertidos a otras miradas y recuerda algunas tesis orteguianas sobre la amenaza de una nueva barbarie.

En cualquier caso, lo que llamamos sociedad del conocimiento ha transformado de manera radical nuestra idea de saber, y sus progresos se traducen, más que en un incremento del conocimiento efectivo, en  una progresiva  conciencia de la necesidad de gestionar el desconocimiento, de aprender a convivir con el riesgo. Esta atmósfera intelectual tiene hondas implicaciones en la política, porque vivimos en un entorno sin límites precisos, en que todo resulta más incierto y borroso, de manera que hemos de enfrentarnos con el hecho positivo del no saber. Se trata de una paradoja enorme, porque crecen la información,  el conocimiento científico y la sofisticación tecnológica, sin que la población sea más culta y mejor, de manera que ello nos obligará a repensar el funcionamiento de algunas instituciones, como la educación.

Algunos de los capítulos de este volumen son más descriptivos, otros más políticos, otros más filosóficos, pero todos ellos aportan una perspectiva crítica frente a la excesiva complacencia tecnófila y constituyen, en cualquier caso, una aportación interesante a uno de esos debates que deberían tener más presencia social, pero que nuestra sociedad tiende a ignorar. Una lectura para reflexionar y evitar los riesgos de caer en la ridiculez de confundir lo nuevo con lo mejor, con lo necesario y con lo valioso.


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