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martes, 13 de septiembre de 2011

Amazon rompe moldes



Si la iniciativa de Amazon de organizar un servicio de préstamo de libros sale adelante, se habrá dado un paso de gigante en la exploración de cómo acabará siendo el mundo industrial mercantil e institucional que dé cobertura a la lectura digital. No es cosa de ponerse solemnes, pero la iniciativa significará una ruptura tan fuerte que es fácil que haya una auténtica conjura de intereses para evitar su éxito, pero hay algo de inevitable en esta idea. Para empezar, rompe los límites entre los conceptos de librería y de biblioteca. Las bibliotecas físicas han sido tolerables para los editores porque no compiten en el  mercado de la actualidad, y casi nadie las usa para leer libros que estén en pleno proceso de venta, a parte de que no suelen disponer de ellos; además son muy limitadas, atienden a un porcentaje mínimo del total de lectores, aunque sus usuarios sean, como lo son, personas de un nivel intensísimo de lecturas. No me olvido, por supuesto, de que las bibliotecas han cumplido otras importantísimas funciones que de ningún modo competían con editores, distribuidores y libreros.
El caso de una biblioteca-librería digital será completamente distinto: primero por su alcance, prácticamente universal, que será efectivamente universal cuando otros secunden el ejemplo; segundo por su cobertura, a no ser que se excluyan las novedades, lo que sería una arbitrariedad; en tercer lugar, por su impacto: si el sistema funcionase de manera idealmente perfecta, desaparecería la necesidad de tener libros en propiedad y nuestras casas, las de los muy lectores, los que poseen miles de libros,  ganarían mucho en espacio. 
Sé que esto puede parecer lejano, pero está a la vuelta de la esquina, si a poco que las cosas salgan medianamente bien. Por último, el precio de los libros tenderá a bajar, porque la compra perderá adeptos, y eso sí que será una revolución en la que los editores (y distribuidores y libreros) del mundo unidos se niegan a pensar. Pero ni el mundo ni el progreso se han hecho para el jolgorio de los editores (y distribuidores y libreros), así que mejor será que se pongan a pensar en lo que se les viene encima y traten de hacer surf en esta potentísima ola que no podrán parar. 

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