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domingo, 7 de agosto de 2011

El problema de España

Se trata de una expresión que estuvo muy de moda hace décadas, pero que ahora se usa, más bien, en plural, lo que, tal vez, pueda considerarse un avance. Ahora los problemas son de carácter económico e institucional, pero son manifestación, me parece, aunque no quiera ponerme solemne, de un defecto más de fondo, de nuestra falta de competencia, de la escasa importancia que tendemos a otorgar al conocimiento, a la destreza, a la profesionalidad. A  mi el ejemplo más acabado me lo ofrecen las grandes telefónicas, que son empresas multimillonarias pero groseramente incompetentes en la mayoría de las cosas que hacen. En realidad es casi milagroso que no sean empresas ruinosas, y en un entorno de competencia real tendrían que cambiar muy mucho para no hundirse. Sus servicios al cliente son de una informalidad y una chapucería inigualables, de manera que, cuando tratas con ellas de cualquier asunto, debes alegrarte si no quedas embarazado, porque, casi sin excepción, no tendrás otro motivo de contento.
Claro es que no están solas. Todo lo que sea moverse en páginas web españolas, con rarísimas excepciones, es de llanto. De una u otra manera, nos encontramos siempre con el equivalente del "vuelva usted mañana". En el fondo, a una gran mayoría de españoles esto de la red les sigue pareciendo una rareza, una manía de chavales o de obsesos. Eso explica que, por ejemplo, el hotel en el que trato de descansar unos días, no tenga Internet en las habitaciones, claro es que tampoco tiene mesa, y no es un hotel barato, para mi desdicha, y que lo único que ofrezca es una Wifi de coña en un salón que es, a la vez, lugar de paso, lo que da una idea de lo que los del hotel piensan lo que podemos hacer los tres o cuatro tipos raros que a lo largo del año se ponen con el PC en el maldito salón pasillo. En resumen, a mi me parece que el problema de España se entiende bien si se piensa que tenemos dos aeropuertos nuevos sin tráfico alguno, Ciudad Real y Castellón, una línea de alta velocidad entre Toledo y Albacete sin servicio, y cientos de miles de casas sin habitar y sin vender, además de grandes empresas pomposamente llamadas multinacionales que son, sin exclusión, antiguos monopolios, mientras a los consumidores  nos dan de leches por doquiera que vayamos. Lo que decían los primeros indignados, es cierto, en buena medida: lo llaman democracia y no lo es, porque aquí todo consiste en estar en el machito y en mantener al público a raya, en eso si somos buenos, como lo demuestran los cuarenta años de Franco y los veintidos de socialismo cañí de los que hemos gozado con gran jolgorio de las mayorías. 

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