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martes, 16 de agosto de 2011

César o nada

Son muchos los que comentan el último y sensacional movimiento de Google al comprar Motorola móviles con términos muy parecidos a la divisa de los Borgia que dio título a una gran novela de Baroja. Parece como si el movimiento de Larry Page pudiese ser, a un tiempo, genialidad y locura, astucia y delirio, un gran avance y el camino al fracaso. Es lo que tienen las cosas, que no se sabe nunca en qué van a parar, por muy claros que puedan ser los comienzos. Está en la esencia de nuestras vidas. Lo que sí parece evidente es que la decisión de Page es muy atrevida, algo que nunca hubiera podido hacer Eric Schmidt, un gran administrador, pero no el dueño de Google. Al jugársela al todo por el todo, Page recupera el espíritu empresarial que tanto gusta en los Estados Unidos, lo que siempre significó, ya en nuestra vieja lengua cervantina iniciar una empresa. Es de desear, por el bien de todos, que le salga bien, porque nunca es bueno el monopolio y para que no lo hayan son necesarias las luchas de titanes, aunque no basten. 
No deja de ser motivo de melancolía que apenas podamos progresar sin competencia, sin lucha a muerte, y que en la Arcadia feliz nadie hubiera colocado nunca una tecnología, innecesaria en el Paraíso. En la vida humana, sin embargo, nada se hace sin destrucción, sin derrotas y lágrimas. Por eso son tan importantes los deportes, aprender a competir sin que la sangre llegue al río, pero en la batalla tecnológica llega con pasmosa frecuencia.

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