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sábado, 16 de julio de 2011

Un jurista que sabe de qué habla


Con alguna frecuencia me he topado en mis trabajos académicos con cuestiones que afectaban a lo que suele llamarse propiedad intelectual y, aunque, he tratado de deshacer algunos equívocos de fondo sobre el caso, siempre he pensado que, al final, este asunto tendría que ser abordado no por filósofos o generalistas sino por juristas. Bien es verdad que mi capacidad de creer en que los juristas hagan algo de gran interés es muy escasa, pero esa era mi esperanza. Lo que esperaba ha sucedido ya: hace algún tiempo que oí hablar de David Bravo y de sus pleitos con la SGAE; pues bien, lo que David Bravo dijo en el Campus party sobre propiedad intelectual es un ejemplo perfecto de lo que esperaba oír,  un jurista que llama a las cosas por su nombre, que va al fondo de los asuntos, y que se enfrenta, con éxito, a fantasmas, gigantes y delincuentes, como se ha visto. 

2 comentarios:

Gonzalo Martín dijo...

Pues yo te diría que, precisamente, de quienes debemos olvidarnos es de los juristas. Incluido David Bravo. Y que hay que recuperar a los filósofos y, en especial, a un grupo que no nombras: los economistas.

Los juristas se regodean en las formas de efectuar la ley generalmente sin cuestionar los principios prácticos e ideológicos de la ley. La razón de la propiedad intelectual (mal llamada propiedad) es filosófica (discutir si es propiedad y, en todo caso, qué clase de propiedad es: échale una mirada a la idea de "suidad") y generar un incentivo para la creación y la invención: si no protegiendo las innovaciones se siguen produciendo, entonces no es necesario crear un monopolio sobre algo que difícilmente puede ser una propiedad. No lo digo yo, lo dicen ya hasta premios Nobel como J Stiglitz.

Pero necesitamos más filósofos y antropólogos: la innovación y la creación son iterativas. La máquina de vapor no se extendió hasta que no se venció la patente y pudo ser mejorada y libremente fabricada. No hay creación artística sin remezcla del pasado: pensar que la gente se puede apropiar de un producto concreto que contiene miles de horas de creación anterior, resulta, a poco que se piense, grotesco.

¿Por qué el alfabeto, la tabla periódica, el pentagrama o las recetas de cocina no están sujetas a propiedad intelectual? Es ahí donde hay que pensar: lo normal es - o debiera ser - el dominio público y no lo contrario. Por eso toda la propiedad intelectual nació con límites temporales. Por eso sus dueños quieren extendarla hasta suprimir el retorno a la sociedad.

Los abogados son, en la mayoría de los casos, el mayor obstáculo para cambiarlo. Quiren reformar y darle vueltas a sus leyes, no pueden imaginar siquiera que no hagan falta.

José Luis González Quirós dijo...

Para Gonzalo:

Estoy completamente de acuerdo con lo que dice, y creo haber dicho siempre, pero las declaraciones de David Bravo me parecieron "impropias" de un abogado, quiero decir, especialmente buenas. Los economistas están incluidos, por supuesto, entre los generalistas que menciono. Someter la invención a un proceso administrativo de cobro absolutamente artificioso ha sido un error muy grave, pero muy provechoso para los músicos, mientras han podio hacerlo; es obvio que ya no pueden y que siempre abusaron hasta llegar a las cumbres recientes.