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lunes, 13 de junio de 2011

¡Qué tiempos!


En 1996 fui por un breve período de tiempo secretario general de Fundesco, la Fundación de Telefónica. En ese momento la compañía me regaló un Nokia que fue mi primer teléfono digital, ya que hasta ese momento tenía un Moviline de Ericsson que no estaba nada mal. Mi Nokia era una maravilla, tenía acceso a la web y recibía y podía envíar correos electrónicos, algo mucho menos útil que ahora porque casi nadie tenía dirección de correo (yo ya sí, tenía una de apdo.com con mis cuatro iniciales y además empecé a usar la de Fundesco, de manera que me podía mandar correos a mi mismo). Luego he sido fiel a las distintas versiones de ese modelo que era un verdadero mazacote. Si no me confundo, he tenido hasta cinco modelos distintos de la idea (el último el Communicator oscuro de 2007). Ahora veo con cierta nostalgia el anuncio de un E7 que será,  seguramente, el canto del cisne de Symbian, un sistema operativo que fue precursor, pero no acertó con los gustos del público y estaba siendo barrido por RIM, Apple y Google, sobre todo. La compra, o lo que fuere, de Nokia por Microsoft puede que derive en algo realmente interesante, pero parece, a primera vista, la típica alianza de un sordo y un ciego. Nokia mareaba a sus clientes con un modelo distinto cada semana sin acertar a ver que tenía, antes que nadie, el modelo en el que debiera haber concentrado sus esfuerzos. Ha vendido más teléfonos que nadie, pero ha fracasado, finalmente, y de momento, en el terreno en el que fue un absoluto pionero. 

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