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jueves, 23 de junio de 2011

Ni mal que cien años dure

El suplemento de tecnología de El Economista plantea un tema de bastante interés, ¿Qué tecnológica aguantará 100 años?. Desde que comenzó la revolución industrial los plazos de obsolescencia de las tecnologías parecen haberse ido acortando, aunque seguramente el proceso tenga un límite físico y lógico, pues de lo contrario estaríamos más en el terreno de la magia que en el del desarrollo tecnológico, y, a pesar de lo dicho por  Arthur C. Clarke, se trata de dos terrenos claramente distinguibles.
El periódico plantea su pregunta al hilo de que en estos días se ha cumplido el primer centenario de IBM, un acontecimiento que no sabemos si serán capaces de celebrar los jóvenes campeones de ahora mismo, puesto que algunos, con poco más de treinta años, dan señas ciertas de senectud, como Microsoft  (1975) o como Nokia, que a pesar de ser fundada en 1865, se dedicó a la telefonía, que es el terreno en el que ha ganado tamaño mundial, desde comienzos de 1980. Tanto IBM como Nokia nos proporcionan ejemplos claros de que una regla de supervivencia es la metamorfósis, pasar de ser empresa de un tipo a otro tipo de actividad, y da la sensación de que pueden experimentar mejor esos procesos las empresas antiguas que las más recientes, pero habrá que esperar para saberlo.

La diversificación parece ser una especia de bálsamo de Fierabrás al que hay que recurrir aunque se sea líder, porque los límites de un mercado, de un estilo y de un producto, incluso de una filosofía, digamos, se alcanzan relativamente pronto, y al instante amenaza la decadencia y comienzan los problemas sin solución aparente. Creo que está aceleración de las decadencias constituye un tema de enorme interés, y me limito a apuntarlo. 

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