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miércoles, 29 de junio de 2011

La tendencia a unificar móviles, portátiles y tabletas

Ayer decía que todo fluye, y aludía a un cacharro del que había visto las primeras informaciones, el Atrix, de Motorola, que rompe con las divisiones tradicionales en el consumo de terminales conectables a Internet. Se trata, a mi modo de ver de una idea interesante que, hace unos cuantos meses hubiera sido un tanto quimérica, simplemente imposible. Pero ocurren dos cosas: la primera es que la potencia actual de los smartphones no tiene nada que envidiar a los portátiles de hace  muy poco, y la segunda es que, en muchos casos, ha dejado de tener sentido el problema de tener que actualizar los contenidos de cacharros distintos, aunque esto no del todo, porque muchos de los documentos que usamos están on the cloud. Con el aparato de Motorola no existe, sencillamente, el problema de unificar la información entre distintos dispositivos, porque el smartphone y el portátil no serían dos dispositivos sino solo uno, aunque usado de dos maneras distintas. Así pues,  lo que Atrix resuelve de manera harto simple es una dificultad real, a saber, que es más agradable manejar un aparato del tamaño de un portátil cuando podamos hacerlo en lugar de dejarnos los ojos en la pequeña pantalla de un smartphone. Si la idea triunfase tendríamos que tener no uno, sino dos aparatos menos: con tener un smartphone tendríamos al tiempo un portátil, y tampoco se ve para qué podríamos necesitar otro tipo de ordenador, de modo que la idea es tan simple como atractiva.  
Dista de ser evidente que los mercados y el consumo se rijan por razones puramente lógicas, de manera que es posible que la idea de los de Motorola no llegue a cuajar, del mismo modo que resulta verosímil que sea un éxito. Los tablets que ahora parecen el invento del siglo habían fracasado hace unos años por diversas razones; las dock stations (un sistema con pantalla grande en el que se integraba el portátil al llegar a casa o a la oficina) tampoco han tenido nunca un éxito arrollador, de manera que no se puede  saber qué pasará. Yo me limito a notar que la idea parece simple, lógica y buena y que si no tuviese ya un smartphone, un portátil y un PC de sobremesa trataría de hacer la prueba, pero no es el caso. 

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