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lunes, 6 de junio de 2011

El cielo según Jobs

Steve Jobs el líder de Apple se ha puesto poético al anunciar la apuesta de su compañía por la nube, porque el PC, o cualquier aparato similar, deje de cumplir la función de almacén local y sea, simplemente, un accesorio, algo que sirva para llegar a nuestro único  y universal archivo que estará en los cielos, bienaventurado lugar al que los más confiados esperan llegar no demasiado tarde. La gran ventaja de apuntarse a este sistema está, según el chico listo de la manzana, en evitar de raíz los problemas de sincronización que siempre se plantean a quien trabaja con las mismas cosas en distintos  aparatos, en casa, de viaje o en la oficina, en un PC de sobremesa, en un portátil, o con un smartphone o una tableta. Confieso que este problema me ha traído frito desde hace años, aunque los avances que se han ido produciendo han supuesto enormes ventajas en la comodidad. Por ejemplo, al usar Chrome o gmail puedes acceder, desde cualquier aparato y en cualquier momento y lugar, a la misma configuración de tu navegador y, por supuesto, a las cuentas de correo (supongo que igual pasa con otros sistemas, pero hablo de mi experiencia), lo que proporciona una ventaja realmente interesante sobre la manera anterior de trabajar. 

También he empezado a tener archivos on the cloud, pero confieso que la idea me hace menos gracia y que, hasta que no se decida uno a aceptar como solución exclusiva esa no-localización, la duplicidad de archivos vuelve a plantear problemas de sincronización. Me gusta pensar que llegaré a tener una política definida respecto a esta cuestión, qué archivos tengo on the cloud y cuáles locales, pero de momento vivo una situación confusa y equívoca, un poco caótica. 
No estoy seguro de que la apuesta por la nube esté exenta de inconvenientes, aunque parto de las muchísimas ventajas que tiene. Seguramente preferiría que mi propio disco duro local estuviese accesible desde cualquier parte, pero con una seguridad digna de confianza. Ahora puede hacerse, pero los sistemas son lentos y un poco chapuceros. Tenerlo todo en el aire da un poco de yu-yu, pero es posible que sea un prejuicio pasajero, como el que se siente la primera vez que se sube a un avión.  Veremos.

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