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lunes, 30 de mayo de 2011

Los nombres del correo

Me parece que hoy he batido un récord raro, a saber, el de la dirección de e mail más difícil de escribir que yo haya visto nunca. El caso es que era de una casa comercial, aparentemente española, aunque por su dificultad bien podía ser finlandesa y dedicarse a los volcanes cuyo nombre se escribe con innumerables consonantes y vocales espolvoreadas sin ningún sentido fonético. Acertar a ponerla correctamente me ha supuesto tres intentos, después de dos llamadas de teléfono para comprobar el dichoso nombre que había anotado en el primer contacto que tuve con ellos. ¿Qué les lleva a estos señores a no darse cuenta de que tienen un nombre aparatosamente inadecuado como para que se recuerde con facilidad? A veces pienso que el problema viene de que muchos dominios ya están cogidos, pero, francamente, no creo que ese sea el caso de todos los dominios posibles de once letras, que alcanzan una cifra bastante respetable. Otra razón pudiera ser la fidelidad al legado paterno, o a los apellidos propios, pero el nombrecito de marras tampoco me parece que fuera de ningún apellido, ni fui capaz de averiguar que clase de acrónimo podría ser. Dejémoslo en falta de espíritu comercial, en ese vicio en que incurren con facilidad los monopolios, los enchufados que se sienten seguros, y los que carecen completamente de imaginación. Escoger un nombre raro, largo y malsonante con la cantidad de ellos cortos, bonitos y capaces de recordar o sugerir lo que interesa es, en último término, un síntoma de pereza. Desde luego no volverá contar con los servicios de estos adefesios, aunque, ahora que no me oye nadie, confesaré que no tengo otro remedio que seguir trabajando con ellos.

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