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domingo, 17 de abril de 2011

Una nueva respuesta a Antonio, sobre el precio y el mercado

Por alguna extraña razón, es decir, una razón que desconozco aunque puede que sea muy simple, Blogger no ha reproducido un comentario de Antonio González a mi post Una idea nueva, pero no sé si es buena sobre la venta de libros digitales en una forma similar a lo que hace Spotify, por ejemplo. Como estimo que el tema tiene interés general, reproduzco abajo lo que dice Antonio y lo que le respondo:


Dice Antonio:



Pese a que es difícil que estemos de acuerdo, ahora casi lo estamos. Casi… Los costes de las empresas por estar en un mundo digital o del papel, no deberían ser cosa nuestra, sino de las empresas. Nosotros deberíamos saber (realmente lo sabemos pero lo olvidamos), que el precio no tiene mucho que ver con los costes, sino que es el mercado quien lo establece. 
El mercado suele ser un instrumento bastante bueno para establecer el precio. No debería ser precisamente yo, quien te recordase a ti esta regla (lo mismo es que tienes dudas.., es normal, el mercado no es perfecto). Sin embargo este es un caso claro en el que hay que dejar hablar al mercado, creo yo. Por tanto, las supuestas ventajas que aduces, vienen en cierta medida dadas debido al atajo que has tomado para llegar al mercado, estableciendo tú, que el precio será inferior. Cuidado.
El otro asunto que me emerge de tu comentario, es el que tiene que ver con el volumen de lo que se publica. Ignoraba la cifra de 150.000 ejemplares y desde luego me parece una pasada. Ahora bien, si crees que al existir un modelo, en el que debido a que los costes sean mucho más razonables la cifra de 150.000, podría dispararse hasta incluso los 600.000, ¿no crees que esto introduciría en el mercado un volumen inmenso de porquería?
Antes de que me contestes, quiero decirte algo. Yo creo en un mercado abierto para todo el mundo, pero en el que me parece muy importante y pagaría incluso por ello, que disponga de filtros que eviten que a todos nos llegue la porquería, sobre todo si estamos hablando de una materia de carácter indudablemente cultural. Me niego a abrir mi dispositivo de acceso a la red, sea el que sea, y que este lleno de blogueros, que escriben lo que quieren, comentan lo que quieren, inclusive hablan mal de lo que quieren y todo ello sin ningún control de ningún tipo. Cuidado. 
No digo que deba de haber censura o gente sabia que decida por ti o por mí, digo que me gusta fiarme de un criterio empresarial, o editorial o de opinión cualquiera. Es decir, personalmente prefiero entrar en “EL PAIS” o en “ABC” o en un área en donde se que hay un determinado criterio editorial o profesional y no vagar por la red, leyendo no sabes que, ni de quien, ni con qué intención. 
Te diría que en general esto es así. Seguramente tu también prefieres ir a un hospital conocido y que allí te atienda el médico de turno, que ponerte a buscar un buen especialista de lo que sea, mediante las páginas amarillas. 
Una empresa o una marca (puedes leer editorial si lo deseas),es un paraguas que nos permite tomar determinadas decisiones, basándonos en un proyecto que representan. Es el mercado. No me cambies ahora el mercado, aunque te interese, porque para eliminar lo malo y lo superfluo no hay nada mejor inventado. No deseo sufrir las consecuencias de estar en un mercado lleno de blogueros, que no conozco de nada. 
Bueno en todo lo demás, que no es poco, estoy totalmente de acuerdo o estamos. Un abrazo y que gane el Madrid. 


Mi respuesta:

No desearía entrar en una controversia sobre política/economía a propósito de este asunto, pero creo que merecerá la pena aclarar lo que pienso sobre el mercado y los precios a propósito de los libros, y, en especial, de los libros en la era digital, que no ha hecho sino empezar.
Es verdad que el precio lo establece el mercado, pero eso, a la hora de que un empresario, real o imaginario, como es el caso de la propuesta que defiendo, no resuelve el problema de fijación del precio inicial, de la estrategia más adecuada para entrar en un mercado, más aún cuando el mercado todavía no está, ni mucho menos, maduro. Decir que el precio lo fija el mercado es como si un médico dijera que las enfermedades las curan los medicamentos, cuando lo que se le pide es que diga cuál es el medicamento adecuado al caso del enfermo que tiene delante. Lo que yo sostengo es que, dado que los costes de producción, distribución y venta de un libro digital son muchísimo menores que los de un libro impreso, y algo sé del caso pues he perdido mucho dinero editando libros de papel, lo lógico sería que el precio de penetración en el mercado de ese producto fuera mucho menor, sobre todo porque el mercado potencial tiene un tamaño incomparablemente mayor, incluso para lenguas minoritarias, lo que hace que el beneficio marginal por ejemplar adicional vendido pueda ser mucho más alto. Esto me parece que eliminaría de manera bastante efectiva el temido efecto copia al que suelen referirse los editores cuando explican sus prevenciones hacia el mercado en el que no se atreven a entrar. Todo lo que yo afirmo es que el mercado no llegará a su maduración hasta que no haya muchísima oferta, y de calidad, en el nivel de los 3 euros: algo parecido a lo que se atribuye a Ford, que creó el mercado del automóvil para todos, cuando comprendió que hasta que sus obreros no pudieran comprar uno de los modelos que fabricaba estaría encerrado en un círculo vicioso. De todas maneras, se verá si esto es así, o no, en muy poco tiempo. 
El segundo asunto es el del volumen de publicaciones. Hago notar que no siempre que aumenta el volumen disminuye la calidad media de lo  publicado, porque lo que ocurre es que se crea una campana de Gauss distinta, seguramente con el vértice superior más alto, y con laterales más poblados, de manera que la media no empeora; es más, a nada que seamos medianamente progresistas, en el buen sentido del término, hay que suponer que la media es superior, porque, de lo contrario, habría que reconocer algo tan absurdo como que los cinco mejores libros del siglo XIV, por decir algo, son mejores que los diez mil mejores del siglo XX, y yo no lo veo tan claro. 
Se conoce desde hace mucho tiempo la solución a ese fenómeno, del que hay que hablar con tiento, de aumento vertiginoso de producto de baja calidad, y es, como sugieres, el de los sellos de calidad (que también aumentan de manera vertiginosa). No se pueden contraponer bloggeros contra editores, pero tampoco se puede pedir que los bloggeros dejen tranquilos a los editores para que estos hagan bien su trabajo: los bloggeros sonn moscas cojoneras que pican, pero cuyo efecto conjunto será seguramente muy bueno, también en el mundo editorial. Naturalmente, todo el que edita un libro es un editor, así sea MacMillan o Noesis, para no señalar; donde yo veo el problema es en que los editores tradicionales, en España, parecen esperar a que pase la pesadilla digital, y eso no va a ocurrir: serán ellos los que pasen a mejor vida como continúen con la táctica del avestruz. Es sencillamente inexplicable que no tengan ya en venta digital y a precio atractivo un porcentaje alto de sus catálogos históricos (el problema del stockaje desaparece casi por completo en el mundo digital), lo que es absurdo e, insisto, perjudica notablemente a los escritores que se han quedado fuera del circuito debido a razones que nada tienen que ver ni con su interés ni con su actualidad, sino exclusivamente a las peculiaridades del mercado impreso.
Y, para, terminar, el Madrid no ganó, pero hizo un papel bastante digno frente al Barça, por primera vez en varios años. 


1 comentario:

David dijo...

Mi intuición me alinea con tus ideas, José Luis, aunque sigo sin ver claro que las copias se puedan desincentivar (al menos hasta el punto de que no afecten a las ventas que de todos modos se producirían) únicamente con precios bajos.
Un saludo.