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sábado, 30 de abril de 2011

Pobre cerebro... ¡cuántas tonterías se dicen en tu nombre!

En estos últimos días he visto unos cuatrocientos, por no exagerar, esquemas de la geografía del cerebro en los más variados medios. Como se está avanzando bastante en la construcción de mapas cerebrales más precisos, son innumerables los divulgadores que recurren a alguna de estas imágenes para darse tono y disfrazar un poco sus escasas y confusas ideas. Siempre me acuerdo de lo que decía Wittgenstein a propósito de estas empresas, pero no voy a divulgarlo de nuevo: busquen, comparen, y ya me dirán. Una variable muy frecuente de esta utilización es tratar de aplicar esas nuevas imágenes a la obsesión de preferencia de cada cual. Como se puede imaginar, los resultados son escasos, pero se da muy buena imagen. Aquí les mando un ejemplo del blog de Joaquín Rodríguez que aplica la imagen de turno para aclarar si al cerebro le gusta, o no, leer en libros electrónicos. La conclusión, al menos, es tranquilizadora y como muy sensata, fijénse: “Al cerebro, por finalizar, le gustarán los libros electrónicos y sus primos hermanos los tablets si saben comportarse como conviene, esto es, dándole la posibilidad de leer detenida y prolongadamente un texto.” Lo dicho. 


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