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jueves, 21 de abril de 2011

Philips ya no fabricará televisores

Que Philips deje de fabricar televisores, algo que venía haciendo con éxito desde 1928, es más un hito que una mera noticia, y los hitos tienen siempre un carácter simbólico, dicen más de lo que parece.
Lo primero que dice la noticia es que la fábrica holandesa ya no gana suficiente con esa actividad, que otros, en el sudeste de Asia, imagino, lo hacen de manera más eficiente y rentable. Se trata, pues, de un rasgo más de ese fenómeno de deslocalización que es tan típico de la economía contemporánea y, como tal, es algo que era previsible y que no creo haya que lamentar. Lo que ya no está tan claro, aunque creo que la noticia también lo dice, es que Philips vaya a ser capaz de encontrar un hueco similar al que cubría en un entorno tecnológicamente muy distinto, pero lo lógico sería que así fuere.
Los televisores empiezan a ser ya artilugios tan del pasado como una plancha de carbón, y eso sí que es una auténtica noticia. Aquí seguimos dando que hacer a los televisores con programas infumables y con la perpetuación de estereotipos del más rancio patetismo hispánico, ahora travestido con ciertas formas de la beatería contemporánea, pero la verdad es que la era de la televisión clásica ha muerto, aunque todavía no sabemos bien qué será lo que ocupe su lugar, si es que puede hablarse así, que no está demasiado claro.
Hace muchos años, más de quince, que se viene hablando de la confluencia entre las pantallas del PC y las teles clásicas, pero no estamos ciertos de que esa confluencia vaya a tener, finalmente, lugar. Ahora, en plena ebullición de las tabletas, no está claro cuál haya de ser el destino de ese electrodoméstico clásico que ha sido la televisión. Probablemente deba crecer mucho de tamaño y olvidarse casi por completo de los horarios y las sintonizaciones para parecerse más y más a un terminal de acceso a infinitas posibilidades. Claro es que la función social que cumplía la TV habrá de seguir existiendo de uno u otro modo, pero espero que, a la larga,  disminuirá el número de los que se empeñen en hacer continuas excursiones a la esquina si pueden darse un paseo por Marte, aunque esto sea todavía una mala metáfora. 

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