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viernes, 22 de abril de 2011

Android crece muy deprisa

Es evidente que Google no siempre acierta, pero cuando lo hace, acierta de pleno. Me parece que esto es lo que pasa con Android, y eso que tengo la sensación de que Android echó a andar antes de que Chrome estuviese perfectamente acabado, pese a que funciona mejor que el resto. Uno de los vicepresidentes de Google, Jeff Huber, ha confirmado que Android ha alcanzado los 3.000 millones de aplicaciones instaladas en dispositivos, y que, cada día, se ponen en marcha 350.000 dispositivos Android en todo el mundo. No me extraña. Puedo hablar en primera persona porque soy bastante aficionado a estos cacharros y he probado de todo. Primero tuve un Nokia que ya mandaba correos electrónicos en 1996 y del que estaba particularmente contento; además, tuve todas las versiones de ese Communicator que fueron saliendo, creo que tuve hasta seis distintas. Luego me pasé a  HTC con Windows porque tuve la sensación de que era prácticamente imposible que Nokia y Windows se comunicaran sin problemas, y siempre desee no tener que duplicar el tecleado de la información en dos aparatos distintos, lo que, dicho sea de paso, me ha hecho perder horas infinitas, de modo que mejor lo hubiera empleado en haber aprendido ruso, o rumano, por lo menos. El Windows en los teléfonos no acababa de ir bien, pero era mejor que la mezcla de Windows y Symbian. En cuanto me entere que existía Android y había un cacharro con el sistema me hice con él, un HTC Hero que iba mucho mejor que los de Windows aunque era algo lento. Fue el momento en el que los I phone se impusieron. Nunca he tenido uno, pero reconozco que detesto el aire de nuevo rico que gastan todos, o casi todos, los que lo tienen. Como no me gusta hablar de memoria lo probé, y no resultaba mucho mejor que mi HTC Hero con Android.  En cuanto salió el Nexus One me hice con él, no sin pocos esfuerzos y lo he tenido por más de un año encantado de su rendimiento. Luego conseguí un Nexus S tras probar un HTC Desire HD, que no está mal, y en algunas cosas es el mejor, pero mi Nexus S no lo cambio por nada, como dicen las de los anuncios de detergentes. Es, sencillamente, perfecto. Su navegador es mejor que el que incorpora mi coche, se mueve por Internet con una velocidad pasmosa y, encima, la tarifa de Vodafone parece que no está llena de trampas, de momento.
No me extraña, por tanto, que Android progrese de manera imparable, vaya ganando terreno en detrimento de los demás sistemas, y esté a punto de superar a iOS, aunque los de Apple sigan siendo magistrales con su gestión de marca. Yo apenas uso otras aplicaciones que las clásicas, más What’sUp que era clásica en Blackberry y es estupenda, de manera que me da igual que haya 300.000 o 2.000.000, porque las que yo uso y creo necesitar funcionan a la perfección, pero es consolador que haya otros muchos que quieren usar cosas que yo no uso, porque tengo otras cosas que hacer que dedicarme a mi telefonino, pese al cariño que le profeso.
De todas maneras, se está empezando a ver que el teléfono va a ser la auténtica navaja suiza: nos servirá de llave, de todas, imagino, de instrumento de pago, de mil cosas más que las varias docenas que ahora nos ofrece con toda clase de garantías. A mi me robaron el Nexus S y los diez o doce días que estuve sin él, hasta que conseguí otro, fueron un auténtico tormento. Mi alegría al poner el nuevo en marcha y ver lo rápidamente que me reconocía y se ponía a mis órdenes con todas las funciones que yo le había encomendado fue algo extraordinario, una experiencia deliciosa que, de todas maneras, no querría tener que repetir. 

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