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domingo, 9 de mayo de 2010

Lecturas, libros y sabios

A través de una cita en libros&bitios, el blog de José Antonio Millán, he vuelto a releer un par de textos de Savater y de Rico sobre la educación y la lectura. Pese a que han sido editados con algún descuido, los dos textos son de gustosa lección. Tienen esa condición poco convencional que siempre se encuentra en las ideas de los que piensan por su cuenta. Hay en ellos, sin embargo, alguna leve reticencia hacia el texto digital, especialmente en el de Rico, que seguramente no ha satisfecho suficientemente la intención del editor (Santillana, 2009). De hecho, Millán cita una afirmación de Rico que abona una interpretación tópica sobre las curiosas virtudes del papel, cuando se trata de libros.
Muchos autores han creído ver en la lectura digital una serie de riesgos inevitables, alguna forma de decadencia intelectual, una pérdida. En mi opinión esta forma de ver las cosas se basa en una confusión que el paso del tiempo despejará por completo, aunque será el futuro quien tenga que sancionar definitivamente esta cuestión. Lo más común es afirmar que la lectura digital dispersa la atención, evita el abismarse en una trama, impide la lectura concentrada. Nos parece que esa dispersión, en la medida en que se dé, no es nada muy distinto a lo que se experimenta cuando se está en una buena biblioteca en la que se nos facilita el acceso directo a los estantes. Por lo demás, como subrayan tanto Rico como Savater, dista mucho de estar claro que el orden sea la principal de las virtudes cuando se trata de lectura privada, y tampoco es evidente que la dispersión sea siempre negativa en materia de lecturas, al menos en ciertas fases del desarrollo. Sin embargo, cuando se trata de la forma de leer que se requiere para la investigación y el estudio, cualquiera que niegue las ventajas del entorno digital debería mirárselo, como dicen en Cataluña. Cabe recordar, a este respecto, que, como señaló Stillman Drake, en sus inicios, la imprenta tuvo más impacto en los círculos intelectuales ajenos a la universidad, que dentro de ellas, porque los profesores de éstas eran reticentes inicialmente a abandonar sus ideales medievales, y su apego a los manuscritos. Como verán, hay cosas en la historia que tienden a repetirse.

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