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sábado, 7 de marzo de 2009

Proust, Hegel, aviones y libros electrónicos

En una reciente entrevista, el catedrático de Historia de la Literatura Antoine Compagnon (Bruselas, 1950) ha comentado que "es difícil una lectura prolongada de Proust o Hegel en un libro electrónico", y ha añadido que "conviene tener en cuenta que un libro impreso responde a una memoria espacial y a un paisaje. En realidad, un libro implica de algún modo un paisaje, un territorio a explorar. En este sentido, una pantalla no permite una representación espacial del texto".

Es evidente que, por lo que sabemos de geometría, el libro electrónico no tiene el mismo contorno que un libro tradicional. También sabemos que es más pequeño, y que pesa menos (especialmente cuando se trata de libros de papel voluminosos). Por desgracia, ninguno de los dos soportes nos permitirá jamás escuchar la voz de Proust o de Hegel, por lo que es difícil ver a qué se refiere el Sr Compagnon cuando dice que es más difícil leer a Proust y a Hegel en el libro electrónico. El paisaje es el mismo, y la comodidad ergonómica del libro electrónico es superior.

Tomo el caso del Sr Compagnon como un caso particular de un tipo de argumento que se suele utilizar en contra del libro electrónico. El argumento viene a decir que hay estudios de psicología cognitiva que demuestran la superioridad del libro de papel sobre el digital debido a un tipo de memoria espacial del que, al parecer carece este último.

Tradicionalmente, el proceso de ojear un libro ha sido cautivo de la necesidad de hojearlo. Quizás a esto se refería el Sr Compagnon. No obstante, con el libro electrónico es posible ojear sin hojear y, aunque bien puede ser que en el proceso de hojear se fija una cierta memoria visual del texto, no menos cierto es que los buscadores permiten recuperar cualquier texto que necesitemos en cuestión de milisegundos. Se insiste en la importancia de la memorización visual del texto, y ello puede tener cierta importancia para cuestiones académicas muy puntuales, pero la diferencia entre ambos soportes en relación a la geometría-memorización es que el libro electrónico externaliza (en el dispositivo) la memorización que nos veíamos obligados a llevar a cabo con el libro de papel.

Por supuesto que hay más consideraciones en relación a las comparaciones espacio-temporales entre el libro de papel y el libro electrónico, pero creo que en todas ellas se lleva los laureles el segundo. Nos es difícil pensar en algunos ejemplos. El libro electrónico ocupa menos sitio en la maleta y permite optimizar el tiempo.

En cuanto al paisaje, una ventaja del libro electrónico es que nos podemos llevar la biblioteca entera a ver cualquier paisaje. Aún así, se me ocurre que el libro de papel aún lleva ventaja si lo que queremos es leer en la playa, pero todo se andará. En el futuro saldrán libros electrónicos herméticos para evitar las incomodidades de la arena, e incluso para acompañar a aquellos frikis que quieran leer mientras bucean, por ejemplo una guía completa que les ayude a diferenciar las diferentes algas coralinas o los diferentes tipos de peces. Este tipo de "memorización" subacuática difícilmente se puede realizar con el papel...

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