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viernes, 20 de marzo de 2009

¡Niños, a escribir!

Un artículo en El País cuenta la historia de Stephanie Rosalia, una bibliotecaria de un colegio público de Nueva York que no se conforma con devolver los libros a la estantería, sino que enseña a los alumnos del colegio a buscar información fiable.

Entramos en una era en la que la labor del bibliotecario se va a reinventar. Actualmente, es moneda corriente en las empresas dejar la tarea de organizar la información a los informáticos de la empresa. Se confunde la informática con la información, la programación con la organización. No cabe duda que el bibliotcarios del futuro deberá estar versado en las técnicas informáticas, pero sus habilidades de bibliotecario y su olfato para ordenar documentos seguirán siendo útiles en la galaxia Internet.

Sin embargo, hay algo que me preocupa. El artículo termina con Rosalia diciendo a sus alumnos: "Podéis leer revistas, periódicos, fotos, programas de ordenador, páginas web. Podéis leer lo que queráis, pero tenéis que leer. ¿Trato hecho?". Esta ha sido la típica recomendación que nos han hecho a todos desde que éramos niños. Pero precisamente lo que ofrece Internet a los lectores, incluidos los escolares, es precisamente la oportunidad de añadir cosas, es decir, de ESCRIBIR. No recuerdo exactamente las cifras, pero en la Wikipedia menos de un 5% de los usuarios editan el 95% de los contenidos.

La era Gutenberg se caracterizaba por leer y no escribir. Probablemente, porque las oportunidades que teníamos de hacer lo uno o lo otro eran asimétricas. Hoy en día, esto ya no es así. Tenemos que abandonar viejos hábitos y empezar a expresar nuestras inquietudes más allá del cuarto de hora de café con los compañeros de trabajo a las 11h. Así que me permito terminar con una frase similar, y complementaria, a la de Rosalia: "Podéis escribir blogs, wikis, páginas web, colgar fotos, programas de ordenador. Podéis escribir lo que queráis, pero tenéis que escribir. ¿Trato hecho?".

3 comentarios:

José Luis González Quirós dijo...

¡Brillante! y, además, exacto.

Teresa dijo...

Como parte implicada en el tema, como bibliotecaria que soy, decirte que en mi profesión, por lo menos en campos especializados, llevamos años de preparción para afrontar la era digital. No ha sido taréa fácil, pero si gratificante, y creo que lo estamos consiguiendo.
Ahora nos encontramos con el problema de que, como tu dices, aquellos que deberían de ser nuestro soporte hacia la nueva era, quieren quedarse con nuestro campo. Como si el programar una historia clínica electrónica habilitase al informático/programador para ejercer la medicina.
En lo tocante a la segunda parte del artículo mi opinión es que tienes razón a medias. Creo que los adolescentes deberían de escribir pero con prudencia. Hay que ver lo escriben o cuelgan mis hijas en sus blogs. Ya en edad más avanzada, si toda esa información, genera conocimiento nuevo en el individuo que pueda ser transmitido bienvenido sea, pero si esto se va a convertir en copiar y pegar para agrandar un curriculum, pues no lo comparto. Puedo jurarte, y se que me crees, que el fraude que hay en lo tocante a edición y publicación es impresionante. y ponte tu a averiguar que es lo fiable y que es lo no fiable, aunque al final se acabe por pillar al Cervantes de turno.

Karim Gherab Martín dijo...

Revisando mis entradas del blog, me he encontrado con este oportuno comentario de Teresa que no contesté en su día, por puro despiste.
Lo primero, agradecerte el comentario, Teresa. Muchos meses después (¿¡?!) te respondo:

Es verdad que la gente puede escribir cualquier cosa. Siendo profesor me ha pasado de todo en relación al "copiar y pegar" que llevan a cabo los alumnos. Así conocí el ya famoso "Rincón del Vago".

Creo, de todos modos, que la escritura ejercita la mente, es un vehículo para canalizar los pensamientos de manera ordenada.

E incluso en el arte de copiar, se puede copiar bien o mal. Dejando de lado el tema de los derechos de autor, agregar contenidos de otros de forma innovadora es una forma positiva de copiar. Fusilar monolíticamente lo que han hecho otros, sin acompañarlo de un momento de reflexión, es una perdida de tiempo, además de un mal hábito. En una ocasión, un alumno me entregó un trabajo y ni siquiera se molestó en quitar los hipervínculos de la página web de donde había copiado el texto.