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jueves, 5 de febrero de 2009

Digitalizar, indexar, memorizar y copiar

Conocidos son las denuncias que muchas casas editoriales han lanzado contra Google con el objetivo de evitar que éste indexara sus contenidos. No está claro hasta qué punto la indexación de libros, un procedimiento que realmente consiste en guardar 0’s y 1’s en una serie de servidores, signifique copiar una obra impresa. La imagen digital sí podría considerarse una copia, pero indexar se parecería más al acto de memorizar que al acto de transcribir, por lo que la indexación de textos por parte de los motores de búsqueda bien pudiera no caer en el “horizonte de sucesos” del copyright, si bien no es menos evidente que de nada sirve indexar si no es para luego mostrar, lo cual sí supondría infringir el derecho de propiedad intelectual. Sin embargo, nunca una publicación se ha opuesto a que ningún lector reprodujera una cita o un párrafo completo en otro sitio. Éstas son las sutilezas de las nuevas tecnologías, cuya ontología bascula entre lo virtual y lo físico, cuya existencia flirtea a ambos lados de la realidad. Paradojas que intentan conjugar tanto el deseo de evitar que un objeto digital pueda ser copiado y distribuido ilegalmente, como la necesidad de copiarlo y migrarlo cuando aparece el fantasma de la obsolescencia tecnológica.

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