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domingo, 16 de noviembre de 2008

Futurología musical y experimento mental nº2

Hace tiempo escribí en este mismo blog un texto titulado "Futurología musical y experimento mental nº1". Me dispongo ahora a hablar del experimento mental nº2, que es una continuación del anterior pero con matizaciones.

Hablaba entonces de la posible compra de servicios de descarga de música por la vía del streaming. Entonces comenté que quien ofreciera este servicio podría cobrarlo en función de las descargas que se hicieran. No es que yo estuviera de acuerdo, simplemente comenté la posibilidad de hacerlo. Pues bien, hoy me propongo combatir este punto de vista, a saber, cobrar por descargar música por vía streaming.

¿Es legítimo que nos cobren por escuchar música? Creo que no. Que yo sepa, la gente escucha melodías, incluso las imagina, pero nadie escucha objetos. Los sonidos son vibraciones de las moléculas del aire, se trata de vibraciones del aire circundante que consiguen transferir unos "objetos" virtuales denominados fonones. Estos fonones no son más que la propagación de ondas y, como todo el mundo sabe (si no es así, convendría visitar algún museo de la ciencia), la materia no se traslada en ningún momento, solo vibra armónicamente en pequeños espacios hacia delante y hacia atrás, o hacia arriba y hacia abajo.

Ya hemos visto que no hay objetos que se propaguen desde los altavoces del ordenador hasta los tímpanos del oyente. Alguien puede preguntar entonces que pasó con los unos y ceros que supuestamente transportan la música. Sencillamente van codificados en las ondas de las que acabamos de hablar. Si escucho la radio del vecino, o la música que ponen en los centros comerciales mientras realizamos nuestras compras, nadie ha pretendido cobrarnos por ello. Es normal, no estamos en posesión del objeto. Nadie puede, por tanto, cargarnos con el mochuelo.

¿Y qué pasa con las discotecas? Que yo sepa tampoco nos cobran por la música, sino por el servicio conjunto de copas, ambiente, y la presencia de tíos buenos y tías buenas.

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