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sábado, 15 de noviembre de 2008

Buscando metadatos para la Biblioteca Nacional de España

Hace ya casi un par de meses que la Biblioteca Nacional de España (BNE) anunció la inminente digitalización de 200.000 obras, un proyecto que se alargará hasta 2011. Al parecer, los libros, manuscritos, grabados y revistas que se van a digitalizar se han seleccionado de entre los fondos más consultados por investigadores y por el público en general.

Según la directora de la BNE, Milagros del Corral, "digitalizar no consiste sólo en que el libro o el grabado pase por un escáner", sino que "hay que dotarlo de los oportunos metadatos de recuperación y de preservación del objeto digital", operación esta última que supone "una inversión brutal y un trabajo titánico" porque los formatos cambian constantemente.

No están mal estas palabras para empezar, pero denotan un cierto desconocimiento de las tendencias de Internet. Tener a un bibliotecario al frente de la Biblioteca Nacional no deja de ser algo conveniente, pero en estos tiempos de tecnologías varias y digitalizaciones en masa, no estaría de más que dicho bibliotecario estuviera bien al tanto de las enormes posibilidades que ofrecen Internet y la tecnología digital. Sería bueno que alguien informara a la directora de la BNE que no estamos ahora mismo para inversiones brutales. Aunque eso sí, más vale tener buena voluntad y creerse por el momento lo del "trabajo titánico".

Internet está trayendo un cambio de paradigma en la manera de llevar a cabo proyectos, ya sean de tanta envergadura como el desarrollo de software libre (capaz de hacer la competencia a gigantes como Microsoft) o de sorprendente éxito como la enciclopedia libre Wikipedia (que pone en jaque a la mismísima Encyclopedia Britannica). Este tipo de proyectos se distinguen por estar abiertos a la participación de los usuarios. Es lo que Alvin Toffler, en su libro The Third Wave, denomina "prosumers", esto es, los productores son a la vez los consumidores.

Google, Amazon, eBay, Facebook son ejemplos de cómo sacar provecho de lo que los usuarios y consumidores tienen que ofrecer. El truco es hacer de intermediario y dejar hacer al personal, en vez de darle todo hecho. Sin duda, comprender las ventajas de esta perspectiva no es algo que esté al alcance inmediato de las mentes más tradicionales y de aquellos partidarios de la elaboración de los productos encorsetados bajo el síndrome de rigurosos controles de calidad.

Creo que la BNE debería ser más moderna y audaz, y plantearse la posibilidad de llevar a cabo un proyecto en paralelo a la escrupulosa elección de metadatos típica de la biblioteconomía. Mientras esperamos a 2011, sugiero que se inicie un proyecto de etiquetado social (ver el concepto de Folcsonomías aquí o también aquí) de las obras de la BNE que sirva para dos fines:
- Acelerar el etiquetado digital de los contenidos de la BNE al máximo: se trataría de tener alguna organización mientras esperamos a 2011, aunque sea menos minuciosa y exacta que la llevada a cabo con metadatos estándar del mundo biblioteconómico. El "social tagging" o etiquetado social elaborado por miles de cibernautas es mareántemente más rápido que cualquier proyecto de etiquetado experto llevado a cabo por 10 especialistas de la BNE.
- Dejar que los usuarios organicen los contenidos por sí mismos, que decidan por sí mismos cómo etiquetar las obras, con la libre elección de palabras clave para etiquetar cada obra. Por un lado, esta iniciativa ofrece a los usuarios la oportunidad de participar en la construcción de la BNE virtual, y, por el otro, abre nuevas vías de etiquetado que mejorará la búsqueda y recuperación de obras, citas, etc. (Conviene leer algunos textos sobre etiquetado social para convencerse cómo pueden ser un excelente complemento a las técnicas de la biblioteconomía tradicional).

Esperemos que nuestra buena directora de la BNE no sea una maniática de la biblioteconomía, sino que, más allá de talibanismos corporativistas y académicos, sepa conjugar la ortodoxia bibliotecaria tradicional con las enormes posibilidades que nos traen la tecnología digital, Internet y los hábitos (y no menos habilidades) de una nueva generación de jóvenes españoles (e hispanohablantes) nativos de la era digital.

Los bibliotecarios del futuro, como cuentan José Luis González Quirós y un servidor en El Templo del Saber: hacia la biblioteca digital universal, adquirirán nuevas habilidades, manejarán con igual destreza la Clasificación Decimal Universal y las nuevas técnicas, herramientas y métodos que la tecnología digital pone en sus manos.

Recurrir al etiquetado social, a pesar de ser menos exacto que la catalogación experta, será extremadamente útil (además de proveer de una rica variedad de metadatos libres asignados por los usuarios, que son, a la postre, los que los van luego a buscar). Dejar a los cibernautas etiquetar contenidos, lejos de ser un sacrilegio por permitir a legos entrar en el templo del saber, será una buena manera de alcanzar en 2009 sin "inversión brutal" algo bastante cercano a lo que tendremos que esperar hasta 2011 con "inversión brutal".

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