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domingo, 26 de octubre de 2008

Mi idea de Web 3.0 (sin prisas, por favor)

En los tiempos que corren parece que hay que darse prisa en llegar el primero. ¿A donde se preguntaran algunos? La conducta de algunos parece indicar que a donde sea, que lo importante es llegar el primero. Sobre todo en todo lo que se refiere a Internet. Algo de razón tiene Paul Virilio cuando se queja de la velocidad de la tecnología, en cuanto a que por ser los primeros en recorrer la distancia que separa a A de C, a muchos se les olvida pasar por B.

Ya hay gurús que quieren ser los primeros en definir la Web 3.0 antes incluso de saber muy bien cómo explicar (o al menos decribir) la Web 2.0. Los tiros parecen ir por la Web semántica. La inteligencia artificial (IA), nos dicen, hará todo por nosotros; los artefactos adquirirán el rol de sujetos epistémicos mientras esperamos sus respuestas sin disparar ni una neurona.

Quizás estén en lo cierto, aunque dudo que la Web 3.0 sea como dicen. Quizás estén hablando de la Web 50.0 o de la Web 100.0. En ese caso, seguramente ya son los primeros en dar una definición correcta. Escoja usted, lector, una Web N.0 e introduzca su propia definición. Tendrá muchas posibilidades de acertar y ser el primero.

No me quita el sueño el ser el primero en definir la Web 3.0, pero tampoco quiero ser el último, ¡faltaría más!, así que me apresuraré en dar mi opinión, aunque probablemente alguien me acusará de conservadurismo y de confundir la Web 3.0 con la Web 2.1 (o cualquier otro decimal que se les ocurra, lo importante, recuerden, es llegar el primero).

Veo la Web 3.0 como una reutilización inteligente de la Web 2.0, como un cúmulo de asociaciones de lo que ya estamos haciendo en la Web 2.0, más que como el resultado de complejas técnicas de IA, una disciplina con buen nombre entre el público y que aún da juego en el cine, pero que ha perdido fuelle entre los académicos. Desde Turing a Berners-Lee, las previsiones fuertes sobre la IA y sobre la Web semántica no han hecho más que incumplirse. Por supuesto que hay sistemas expertos de IA que hacen muchas cosas bien, y hasta concedo que en el futuro del futuro contemos con una IA que haga todo por nosotros (aunque primero, creo, tendremos que mirarnos a nosotros mismos y entender porqué hacemos tan bien algunas de las cosas que hacemos).

Daré un ejemplo. Muchas empresas punteras en I+D siguen intentando dominar el algoritmo de las traducciones, retando la máxima Quineana de la indeterminación de la traducciones. Google, por ejemplo, parece estar en la vanguardia en estos menesteres. No obstante, todas estas traducciones se llevan a cabo con el mismo paradigma: traducir un texto de un idioma a otro de forma automática, mediante algún depurado y sofisticado algoritmo ya existente. Mi propuesta va por un camino diferente: en lugar de traducir frase por frase con el algoritmo, permitamos al sistema buscar páginas web fiables (por ejemplo, páginas web insitucionales) donde haya conjuntos de frases ya traducidas por traductores humanos (no tienen porqué ser traductores profesionales, ya habrá tiempo y maneras de optimizarlo). Es decir, atomicemos las traducciones en unidades de mayor o menos tamaño (párrafos, frases, citas, expresiones) que los traductores humanos ya han llevado a cabo, etiquetémoslas, y que los buscadores las extraigan y ejecuten las traducciones con ellas. Probablemente, tampoco asi resolveremos el reto que nos ha mostrado W. V. O. Quine, a saber, dar cuenta del holismo semántico, pero estaremos mas cerca de una genuina traducción humana. En otras palabras, construyamos la Web 3.0 con lo que y sabemos hacer en la Web 2.0. Ya tendremos tiempo de pensar cómo será la Web 3.0.

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