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domingo, 21 de septiembre de 2008

Tagging la cultura

Tagging, una palabra de moda donde las haya, una etiqueta que caracteriza la nueva forma de entender la Web, pero no cualquier Web, sino la Web 2.0. Es una llamada a la participación, una ola de catalogación a muchas voces, de abajo-arriba, que es el modo típico de innovar en la Web por más que nos empeñemos en llevarle la contraria.

Tagging es crear etiquetas, acompañar cada enlace o documento con un descriptor. Es lo que se ha dado en llamar Folcsonomía (el origen del término puede leerse en inglés aquí). No obstante, traicionando una tradición bibliotecaria que viene de muy lejos, la del experto bibliotecario esclavo de los tesauros, de las taxonomías, y de los vocabularios controlados, los tags (o etiquetas) de la Web son palabras aplicadas libremente por los cibernautas como dios les da a entender con el fin, primero, de tener localizado aquello que han visitado y, segundo, señalar a los demás algo que creen tiene un cierto valor. Este procedimiento está facilitando la catalogación semántica de una ingente cantidad de páginas web en la Red, una tarea que ni está al alcance de super-bibliotecarios que trabajaran 24x7, ni al de la Inteligencia Artificial que, si bien ya consigue mojar la oreja a un campeón como Kasparov, no tiene la capacidad de entender (ni de tener el entusiasmo) que tiene un niño de 7 años cuando escucha atentamente un cuento.

Lo primero que puede pensar un biliotecario sensato es que el proyecto está abocado al fracaso, alcanzando el estado final de Gran Confusión. No obstante, la Wikipedia (y otras muchas iniciativas) ya se ha encargado de ponernos en guardia ante las suposiciones "sensatas" y si algo tiene de asombroso Internet es que está haciéndonos re-pensar todo aquello que creíamos sensato, incluidos los derechos de autor y las patentes. Naturalmente, dejar etiquetar a cualquiera cualquier cosa en cualquier momento y de cualquier manera tiene sus riesgos, pero también importantes ventajas.

La tecnología digital pone a nuestra disposición nuevas herramientas para acercar la cultura a la sociedad. La catalogación taxonómica de obras culturales de aquellas bibliotecas y museos que vayan "colgando" sus obras en Internet seguirá siendo necesaria para encontrar con precisión milimétrica un objeto concreto previamente conocido, pero la llamada folcsonomía fomenta la participación, democratiza la cultura, facilita el descubrimiento, potencia la divulgación cultural en la Red, y acelera la catalogación (aunque sea popular) de contenidos.

Habrá que encontrar el equilibrio entre ambas concepciones, las clasificaciones jerárquicas y el etiquetado libre, posiblemente con un tipo de folcsonomía de vocabulario controlado, es decir, con sistemas automáticos que permitan hacer sugerencias a los voluntarios que deseen etiquetar objetos. Lo que es absurdo es convertir la "sensatez" en dogma. El día a día que vemos en la Web 2.0 requiere de nuestras instituciones culturales y científicas una mayor audacia.

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