miércoles 28 de julio de 2010
domingo 25 de julio de 2010
¿Libros electrónicos o lectores?
martes 20 de julio de 2010
Esto sí que es una noticia
miércoles 14 de julio de 2010
El despilfarro de las publicaciones oficiales
jueves 10 de junio de 2010
Sobre Libranda
jueves 27 de mayo de 2010
Acaba de aparecer
sábado 15 de mayo de 2010
La religión del papel
domingo 9 de mayo de 2010
Lecturas, libros y sabios
sábado 24 de abril de 2010
Día del libro
viernes 16 de abril de 2010
De nuevo sobre el ISBN
lunes 29 de marzo de 2010
Kindle para PC
sábado 20 de marzo de 2010
Manifiesto por la libertad en Internet

- Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.
- La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial -un organismo dependiente del ministerio de Cultura-, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.
- La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.
- La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.
- Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.
- Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales,en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.
- Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.
- Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.
- Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.
- En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.
lunes 15 de marzo de 2010
La neutralidad de la red
José Antonio Millán llama la atención sobre el principio de neutralidad de la red que implica el que los portadores de señal no interfieran ni controlen los contenidos que transportan. Ese principio se pondría en riesgo si se consintiera a las empresas de telecomunicación, por ejemplo a Telefónica, que pudiesen cobrar a Google por indexar los contenidos de las páginas web que las telecos sostienen y por las que cobran sus dineritos. Es lógico que las telecos se preocupen por sus ingresos, pero no veo razonable esta pretensión, puesto que ya cobran a Google, como a cualquiera, por el uso de sus infraestructuras y, además, gracias al trabajo de los buscadores se genera un enorme tráfico de millones de personas que también les pagan sus servicios.
En este mundo todo cambia muy deprisa y no hay que preocuparse porque puedan cambiar las formas de obtener ingresos de los distintos actores, pero las telefónicas, que ven cómo ha bajado el consumo de telefonía clásica y, a medio plazo, se temen lo propio con la telefonía móvil no debieran perder los papeles y tratar de cobrar dos veces por el trabajo de los demás. Espero que no salgan adelante este tipo de iniciativas, porque el futuro de la red y los beneficios que todos hemos sacado de ella estarían realmente en peligro.
sábado 6 de marzo de 2010
Descubriendo la lectura profunda
Pese a que uno sea un mediano lector, y pese a haber dedicado algunas horas a pensar en la lectura, debo reconocer que me sobresalto cada vez que leo las reflexiones de Joaquín Rodríguezsobre la “lectura profunda”, un tipo de lectura, la verdad, cuya naturaleza no acabo de captar, ni siquiera superficialmente. Dice nuestro autor que es “la lectura que Proust practicaba y a la que su escritura invitaba” (bella aliteración, pardiez) y que es “aquel tipo de lectura que caracteriza más apropiadamente nuestro intelecto: el razonamiento inductivo y deductivo, ciertas competencias analógicas, el análisis crítico, la reflexión, la penetración y la agudeza intelectual”. ¿A que impresiona? Yo estoy de acuerdo con que haya que caracterizar apropiadamente al intelecto, y, sin embargo, esta enumeración me deja perplejo, estupefacto. Yo creo que al propio Rodríguez tampoco acaba de convencerle un rosario tan variopinto de cualidades, porque inmediatamente aclara que “el libro, el texto encuadernado entre dos cubiertas, es un tipo de tecnología que ordena el significado linealmente confiriéndole estabilidad, un tipo de tecnología que demanda la atención y la concentración del lector en un acto de íntima entrega dedicado a descifrar las capas acumuladas de sentidos y significados”. Lo de la íntima entrega puede sonar un poco rijoso, pero hay que reconocer que es una metáfora molona.
¿Querrá esto decir que no lee el lector sino el libro? Rodríguez advierte de que con la lectura digital, “se cae en ciertas añagazas y trampas inherentes a la cultura digital: el énfasis desmedido en la inmediatez, en la sobrecarga y sobreabundancia indiscriminada de la información, en un tipo de cognición condicionada o intermediada solamente por medios digitales que implica o promueve la velocidad desalentando la reflexión y la deliberación propia de la lectura profunda”.
Yo mismo empiezo a tener dudas de haber entendido un texto de Thomas Nagel que acabo de leer en un formato digital, aunque, a decir verdad, creía que sí, pero ahora ya no estoy cierto. ¿Tendré que comprar la tecnología de papel correspondiente para entender las sutilezas del filósofo norteamericano? ¿Habré entendido con la debida profundidad las ideas de Rodríguez, puesto que no he tenido la preocupación de encuadernarlas? No se crean que Rodríguez habla de memoria de estas cosas, porque siempre procura estar al día, y no hay cosa que se le escape, aunque temo que eso le distraiga de su degustación celulósica de Proust. Ahora aduce un texto de Maryanne Wolf, en “The importance of deep reading“, que, al parecer, está muy en su línea, una ensalada entre Proust y la configuración, por supuesto que también profunda, de nuestrasredes neurales; ya se ve que no estamos ante prejuicios sino ante puritita ciencia. Lo dicho, no se les ocurra leer un e book y, mucho menos, que caiga en manos de sus niños. Como remacha Rodríguez no se trata “de un cambio de formatos o de soportes, sino de una transformación cognitiva de primer orden”.
No sé qué más decir, salvo que quedan advertidos.
jueves 4 de marzo de 2010
El ISBN y los libros digitales
Gracias a José Antonio Millán y su Libros y bitios, me entero de que la agencia internacional del ISBN pretende que los libros digitales tengan un ISBN distinto, a semejanza de lo que ocurre con las diferentes ediciones en papel.
A salvo de mejor opinión, creo que se trata de un intento quimérico de controlar algo que, ni necesita, ni admite, ese tipo de control. Las burocracias tardan en comprender que las cosas cambian. Seguir pensando en los libros digitales en términos de libros de papel es casi inevitable para cualquier funcionario, aunque sea un error muy de fondo. La edición digital nos permite pensar en la mismidad de un texto, en su identidad, en términos completamente distintos de los usuales para referirnos a libros de papel, a objetos.
No creo que en esto se pueda ver ninguna amenaza a la integridad de las obras, a la autoría o a la edición de calidad. Creo exactamente lo contrario, pero todavía no tenemos los medios precisos para poder crear los identificadores adecuados, o, mejor dicho, los tenemos, pero no hemos adoptado ninguna solución, aunque sea claro que el ISBN no lo es.
Los textos digitales admiten, en principio, identificadores internos, etiquetas que podrían formularse para que designasen a un determinado texto y nada más que a ese texto, de manera completamente independiente de los caracteres de su edición en papel o digital. Se trata de un tipo de etiquetas que todavía no existen, pero que existirán y que recogerán notas esenciales del texto, no de sus ediciones, aunque sí de sus variantes, cuando las haya. Hay que reconocer que empieza a ser urgente la existencia de tales adminículos, pero no conviene olvidar que el ISBN llegó cuando el número de publicaciones ya estaba muy crecido.
¿Cómo podrían ser esas etiquetas? Creo que Karim Gherab Martín y yo mismo hemos desarrollado algunas ideas claves para afrontar esta tarea, y también me parece tener ideas bastante claras sobre el asunto, pero a lo mejor me equivoco, y, en cualquier caso, no me caben en este post.
lunes 15 de febrero de 2010
Confundir la velocidad con el tocino
En diversos foros se ha hecho referencia a un informe sobre los riesgos de la perdurabilidad de los archivos digitales. Se trata de un problema serio, sin duda, pero varias de las cosas que he leído se remiten a confusiones interesadas, incurren una vez más en la necia glorificación del papel y de la imprenta.
Me parece que es muy importante diferenciar claramente tres cuestiones. En primer lugar, se afirma que los documentos digitales son mucho más vulnerables al paso del tiempo que los documentos impresos, porque los medios de comunicación en la que se encuentran almacenados son fácilmente afectados por fenómenos físicos, como campos magnéticos, la oxidación, el deterioro material, y por diversos factores ambientales que pueden borrar la información. Si los soportes en papel fuesen eternos e imborrables, entendería la crítica, pero, puesto que no lo son, lo único que parece claro es que hay que ser cuidadosos con los archivos digitales, pero nada más. Sabemos lo que dura el papel, pero todavía no sabemos lo que duran los soportes magnéticos, aunque, a cambio, tienen la increíble ventaja de que nos permiten copias continuas y extraordinariamente baratas que renuevan la duración de los soportes. Realmente hay que ser un poco raro para ver desventajas del archivo digital por este lado.
En segundo lugar, se comete una falacia realmente curiosa cuando se argumenta que la información digital puede no ser entendida por las generaciones futuras. Naturalmente, pero la información en papel también tiene el mismo problema. Bastará con recordar que, como escribió McIntyre a propósito de la objetividad en la lectura de los textos antiguos, “la noción de una traducción intemporal perfecta carece de sentido”. Lo que hará difícil la lectura de nuestros textos digitales a unos supuestos humanos de dentro de 3000 años es lo mismo que nos hace difícil hoy la lectura de textos griegos: nada que ver con el soporte, sí con la historia de la lengua.
Por último, es evidente que puede resultar conveniente no abandonar el archivo de soportes analógicos para garantizar mejor que la información seleccionada sobreviva, pero es una idiotez decir que eso supone hacerlo independientemente de la tecnología, como si la imprenta no fuera una de ellas. Está claro que algunos creen que la imprenta y el papel son dones de los dioses y la era digital un invento de los demonios americanos.
El problema del archivo futuro es muy complejo, entre otras cosas porque cada vez hay más cosas que guardar y cada vez será más difícil hacerlo, pero con solo papel sería ya imposible.
miércoles 3 de febrero de 2010
Factual devuelve el dinero
Factual es el nombre de un nuevo periódico, si se puede llamar así, de un informativo digital. Se lanzó a la red mediante una campaña muy llamativa. Su principal novedad fue que iba a ser un periódico de pago, un curioso experimento. Su mayor atractivo, el que estuviese dirigido porArcadi Espada, un periodista y escritor (aunque la conjunción me parezca innecesaria, es muy usual) cuyos textos sigo con asiduidad, provecho y gusto. Fui de los que pagaron sin vacilar lo que se pedía para acceder a un invento tan atrevido y original.
Hace tan solo unos día Arcadi ha dimitido, y ha explicado a sus lectores que no estaba en condiciones de garantizar la continuidad del proyecto en el que se había y nos había embarcado; luego vinieron más cambios, y pronto se anunció que el medio iba a dejar de ser de pago, es decir, un experimento abortado con gran prontitud.
No puedo decir que Factual me gustase, en realidad me parecía, sobre todo, un intento inmaduro y muy alejado de lo que se suele entender por un diario, pero el aprecio de Arcadi por una objetividad esforzada, y su calidad literaria, me compensaron del gasto y fueron capaces de mantener la motivación para el ojeo diario. Aunque el nuevo director, Juan Carlos Girauta, es también un escritor estimable y al que he seguido, con menos asiduidad que a Arcadi, pero con alguna frecuencia, no pensaba seguir leyendo Factual, porque había perdido uno de sus mayores atractivos.
Ha habido una noticia sorprendente que, sin embargo, me ha hecho cambiar de actitud. Factual va a devolver el dinero a los que pagamos por una suscripción a algo que ahora va a ser gratuito. El hecho me parece tan asombroso, en especial si se lleva efectivamente a cabo, que volveré a dar al digital una oportunidad. Les deseo suerte y que acierten a hacer algo que me guste más de lo que me gustaba.
Francia desafía a Google
viernes 29 de enero de 2010
La unión hace la fuerza
martes 26 de enero de 2010
Un tablet para un milagro
Llevamos unos días en un sinvivir a la espera del nuevo artilugio, del archifamoso tablet de Apple. Si no fuera que los avispados genios de esa empresa, empezando por el superlistísimo Jobs, han hecho antes diversos milagros, diríamos que peor será la resaca, que nunca un aparato resolvió nada. Apple apuesta siempre por algo distinto a un mero aparato, por una forma de relacionarse con la información que nos interesa, con las diversiones, incluso con lo que necesitamos. Parece una actitud correcta por oposición a otros que, como Nokia, marean al consumidor con cosechas enteras e incesantes de dispositivos perfectamente indistinguibles, salvo para los ingenieros.
Yo creo que, pese a la imaginación de Apple, la única novedad que ahora sería realmente asesina es un dispositivo capaz de servir como lector y con un nivel alto de interactividad, pero con tinta electrónica en color. Mientras no exista esa posibilidad de lectura, todo lo que tendremos es un nuevo portátil, de una u otra forma, pero un portátil. Y es que lo que se necesita verdaderamente es dispositivos lectores de mayor calidad e interactividad y, sobre todo, de servicios más eficaces y accesibles, de buenas ediciones, de algo que merezca la pena leer, que mejore realmente la mayoría de las cualidades del libro tradicional y sea, además, barato.