miércoles 28 de julio de 2010

domingo 25 de julio de 2010

¿Libros electrónicos o lectores?

Según parece, las Academias de la Lengua Española han acordado incluir en su próxima versión del Diccionario el término libro electrónico con dos acepciones, la primera se referirá a los dispositivos que permiten almacenar, reproducir y leer libros, y la segunda a los libros digitalizados que puedan leerse en esos dispositivos.
Me parece un desacierto, que quieren que les diga. Es posible que pueda considerarse admirable el esfuerzo de las Academias para mantener unida la lengua, pero no es tan seguro que sus trabajos rindan los frutos que se supone, ni que sus ideas sean siempre las más afortunadas. Creo que en este caso han tratado de ir más deprisa que el uso común, para eso se tienen por más sabios, imagino, y tengo la impresión de que su solución no ha sido demasiado brillante. No es que yo me oponga a que se llame libro a dos cosas que son muy distintas, a un contenido y a un soporte; si tal cosa fuese un error, que lo dudo, es ya demasiado viejo y común, es lo que hacemos al llamar libro al tiempo al Quijote y al volumen en que está impreso.
Lo que creo es que los académicos han tratado de que permanezca una analogía entre el mundo impreso y el digital, y esa analogía estalla por todas partes. El libro-aparato es, en realidad, un lector, mientras que los libros, en el sentido no material del término, son ideas objetivas que se pueden representar de infinitas maneras, en libros-volúmenes impresos, o en sistemas digitales que permitan su lectura. La diferencia entre el libro-volumen y el dispositivo digital que sirve para soportar miles de textos, no es demasiado relevante si se mira desde el punto de vista cuantitativo, un libro por volumen en el caso impreso, miles por lector digital en el caso del dispositivo, pero puede ser interesante desde otros puntos de vista. El dispositivo digital le devuelve al libro, a la obra que alguien ha pensado o imaginado y luego escrito, su singularidad más interesante, aquello que le hace ser él y no otra cosa. No me parece, por tanto, feliz la solución de llamar libro, como en el mundo de la imprenta, tanto al texto como al dispositivo que usamos para leerlo. Creo que portalibros o lector son mejores denominaciones que libro, pero eso ya se verá, será cosa de que pase el tiempo, el que se tome el progreso en dejar a las ediciones en papel tan fuera de juego como hoy lo están las carrozas.
Mi segunda discrepancia es con el calificativo electrónico, que huele, como mínimo, a naftalina, y que unido a libro compone una denominación, acaso correcta desde el punto de vista, digamos, científico, pero imposible de mantener en el uso popular. Lo lógico, por economía del lenguaje, es que le acabemos llamando al texto como siempre, libro, y al aparato con alguna única palabra que aún no tenemos, pero que surgirá. A mí, lector, a secas, me gusta mucho más, entre otras cosas, porque no hay ningún otro objeto al que nos refiramos con ese nombre. Contra portalibros, una buena sugerencia de Darío Villanueva, tengo que, aunque pueda parecer término más correcto, sea palabra que se aplique también a otros objetos, y que no ayude a sugerir la función de aquello que designa, lo que en un nombre nuevo puede ser de interés. Este objetivo utilitario se logra holgadamente con lector, tal es la razón de mi preferencia. De cualquier manera, todavía hay demasiado pocos lectores como para que ese uso, o cualquier otro, se imponga.

martes 20 de julio de 2010

Esto sí que es una noticia

Hoy me he desayunado con una noticia realmente esperada. Según Amazon.com, las ventas de los libros electrónicos han superado por primera vez las de los de papel. Parece que, además del crecimiento normal cuando las cosas se hacen bien, el crecimiento se ha podido deber a la bajada de precios de su lector Kindle, que ahora vale solo 189 dólares, lo que ha hecho que en la primera mitad de 2010 se hayan vendido tres veces más Kindle que en la primera mitad de 2009. En el mes de junio Amazon ha vendido 180 libros digitales por cada cien libros impresos en papel, y eso que el precio de los digitales todavía no ha llegado a ser lo barato que podrá ser en el futuro.
Amazon tiene a la venta 630.000 libros digitales de pago y 1,8 millones de títulos gratuitos. Los libros de Amazon pueden leerse, además, en muchos otros dispositivos, además de en el PC con una aplicación que Amazon proporciona de manera gratuita. El futuro, por fin, se acerca.

miércoles 14 de julio de 2010

El despilfarro de las publicaciones oficiales

Ayer y hoy he recibido sendas publicaciones oficiales lujosamente editadas en papel. Como casi todas las de ese género son regalos del editor, el organismo público correspondiente. No creo que exista ningún comprador de esa clase de libros, normalmente muy difíciles de encontrar, pese a lo que, en su caso, puedan valer.
El paquete que ayer me llegó contiene una decena de textos de un gran valor cultural, pero la forma de edición de estas obras las condena a la inexistencia intelectual, es decir se ha gastado un buen dineral para nada. El que me han dado hoy tras una reunión, es igualmente valioso, pero de, como los de ayer, ha nacido muerto de las prensas, como dijo Hume de su Tratado, aunque es obvio que se equivocaba.
¿Cuánto tardarán nuestros organismo oficiales en comprender que ya no tiene sentido ninguno esa clase de publicaciones? De manera mucho más barata y eficiente se podrían poner a la venta, o a la descarga gratuita, en la red, de forma que el esfuerzo que hay detrás de cada uno de esos trabajos no quede estéril.
La pereza intelectual de nuestros poderes públicos consiente este despilfarro escandaloso. Supongo que también habrá quienes lo vean como una forma de protección del libro y tal y cual, pero yo he visto sótanos atiborrados de publicaciones que nadie abrirá jamás, cruelmente condenadas al limbo. Yo creo que se trata, pura y simplemente, de uno de tantos disparates que se cometen al buen tun-tun con la pólvora del Rey, es decir con nuestros impuestos.

jueves 10 de junio de 2010

Sobre Libranda

Un importante grupo de editores españoles ha creado Libranda una editora de libros digitales que nace para publicar versiones digitales de libros ya editados en papel, y para abastecer el mercado, que va siendo ya importante, de dispositivos lectores de distintos tipos. Este planteamiento es típico de quienes piensan que la edición digital debiera limitarse a ser un segundo aprovechamiento de sus fondos, digamos, de verdad, en lugar de ser un negocio nuevo lleno de posibilidades. Lo que ocurre es que muchos grandes editores sienten a la vez pereza y miedo a lanzarse a descubrir lo nuevo, creyendo que cuando otros lo descubran ellos le sacarán al verdadero provecho, pero las cosas tal vez no vayan a ser así.
Su fondo será de inicial de alrededor de 2.000 títulos. El proyecto, para ser de editores grandes es de tamaño ridículo (en España se editan anualmente más de 100.000 títulos). La plataforma no venderá directamente al público, ya que su intención es respetar "la cadena de valor del libro promoviendo la labor cultural de los autores y agentes, de las editoriales y de las tiendas en internet". Los libros se comprarán a través de las páginas web de las grandes cadenas de librerías (El Corte Inglés, Casa del Libro y FNAC, entre ellas), de tiendas especializadas en venta de libros electrónicos y de una decena de librerías de toda España. Esta cifra irá aumentando en las próximas semanas porque ya hay más de 70 establecimientos interesados. Libranda pretende ignorar que la tratar de forzar el mantenimiento de la librería tradicional es un empeño bastante absurdo (especialmente para vender e-books), pero esta táctica del avestruz no suele dar buenos resultados.
Los libros de Libranda serán entre un 20 y un 30 por ciento más baratos que en papel, es decir muy caros, renunciando así a la expectativa más sugeridora de la edición digital, a saber, que el precio barato disuada de la copia (como ningún particular ha fotocopiado nunca un periódico, ni una novela). Las ediciones digitales deberían ser mucho más baratas, porque eso es lo que reclama una tremenda disminución de costes, la idea del long tail, y el beneficio basado en obras de venta muy continuada y en un mercado enorme y, en cierto modo, único.
En Libranda creen que el papel y el e book convivirán pacíficamente durante mucho tiempo. Yo más bien creo que desean que así sea, pero no me parece que vaya a ser el caso (aunque siempre se puede discutir qué es mucho).La única ventaja que le veo a Libranda es que presionará para que el IVA de libros digitales sea también del 4%, como el de los libros de papel. Libranda dice que contará con unas medidas de seguridad "importantes" y las descargas de cada título sólo se podrán hacer en doce dispositivos, seis de ellos fijos y otros seis móviles. Yo creo que esto es un error de libro (de papel o digital, me da igual).
En definitiva, Libranda es un empeño de los grandes editores españoles para mantener el negocio en su estructura actual, lo que es un error de miopía. Se trata de un objetivo que no podrán alcanzar, aunque les interese estirarlo cuanto puedan.

jueves 27 de mayo de 2010

Acaba de aparecer

Ya está a la venta en Luarna el último libro que hemos publicado al alimón José Luis González Quirós y Karim Gherab Martín. Se titula Tecnología y cultura. La larga sombra de Gutenberg. Se ha editado como libro electrónico, y se vende al precio de 6,50 euros, bastante asequible; aunque creamos que este tipo de libros debiera ser todavía más barato, hay que reconocer que el editor se ha esforzado en facilitar el acceso a la obra con un precio realmente muy atractivo. El libro interesará mucho a cualquiera que esté interesado por el desarrollo de la cultura digital, por el porvenir de la lectura, y por los supuestos problemas existentes entre la tecnología y la cultura.
Se edita en formato e-pub, que permite su lectura en cualquiera de los e-readers de tecnología de tinta electrónica que hay disponibles en el mercado. Para quienes quieran abrirlo en un ordenador normal hay que bajar, de manera gratuita, una aplicación llamada Adobe Digital Editions de la página de Adobe, de manera que el texto se puede leer en la pantalla normal de un PC con toda facilidad.
Nos gustaría que lo leyeseis y que hubiese algo de polémica. ¡Ánimo!

sábado 15 de mayo de 2010

La religión del papel

En los años, casi juveniles, en que me dio por ser editor, trabajaba con un imprentero, lamentablemente ya fallecido, del que llegué a ser amigo. Era un tipo irrepetible porque era un loco, digamos, cervantino, es decir, perfectamente sensato y caballeroso, salvo cuando se le hablaba del papel; entonces entraba en trance y se veía perfectamente que, para él, el papel era lo importante y que, en comparación con el papel, lo que pudieran decir los libros era una fruslería. Pese a esa locura, le profesaba un enorme afecto porque era una bellísima persona.
Me acuerdo muchísimas veces de mi amigo Enrique cuando escucho las jeremiadas de los defensores de la imprenta y del papel como algo equivalente a la ciencia, la cultura y la libertad. Todas las técnicas poderosas han suscitado rechazos, y han procurado revestirse de respetabilidad. Una de las objeciones de fondo a la lectura digital, y a los aparatos que la facilitan, ha sido la supuesta existencia de determinadas dificultades para la lectura sobre pantalla, ignorando deliberadamente que la tecnología de tinta electrónica no produce cansancio alguno a los ojos; ese argumento, si pudiéramos llamarlo así, se suele adornar con diversas pamemas fisiológicas y semióticas sin mayor fundamento, como si el entendimiento, la sensibilidad, la reflexión y el espíritu crítico, que son las cualidades que ennoblecen la lectura, hubiesen aparecido en el mundo gracias a Gutenberg.
No hay más remedio que sospechar que el verdadero quid de la cuestión está en el interés por forzar la supervivencia de unas industrias acabadas. Además, se confunde un libro con un objeto, ignorando que los libros no son un mero mazo entintado de páginas, sino un conjunto de argumentos, de metáforas, de discursos.
La edición encontrará su papel con enorme claridad en el mundo digital, porque no se limitará a producir copias de una determinada composición en páginas y en tipos, sino a enriquece el libro con todo lo que enriquecerá su lectura, su comprensión, con lo que sea capaz de iluminar su significado y su influencia en cada momento. Los clásicos revivirán porque siempre habrá estudiosos dispuestos a editarlos, sin que se necesite el aval de un agente mercantil que calcule el coste de la impresión, el marketing y la distribución de lo que ya será para siempre su obra, no la del autor.
Ignorar las posibilidades que se abren a la edición, en el sentido propio y no mercantil del término, es un error imperdonable. Las perspectivas que se abren asustan, porque vemos cómo se desmorona un edificio de varios siglos, pero hay que perder el miedo a que las autorías se disipen, a que los escritores no puedan vivir de su oficio.
El derecho principal de los autores es el derecho a ser leídos, y su remuneración no hará sino crecer en el nuevo entorno digital, que puede y debe aspirar a ser mucho menos mediatizado que el de la imprenta.
Los dispositivos dedicados a la lectura han llegado para quedarse, aunque se desgañiten los agoreros, incluso en esta España tan propicia a las leyendas y que, a veces, parece tan desatenta a los argumentos esenciales.

domingo 9 de mayo de 2010

Lecturas, libros y sabios

A través de una cita en libros&bitios, el blog de José Antonio Millán, he vuelto a releer un par de textos de Savater y de Rico sobre la educación y la lectura. Pese a que han sido editados con algún descuido, los dos textos son de gustosa lección. Tienen esa condición poco convencional que siempre se encuentra en las ideas de los que piensan por su cuenta. Hay en ellos, sin embargo, alguna leve reticencia hacia el texto digital, especialmente en el de Rico, que seguramente no ha satisfecho suficientemente la intención del editor (Santillana, 2009). De hecho, Millán cita una afirmación de Rico que abona una interpretación tópica sobre las curiosas virtudes del papel, cuando se trata de libros.
Muchos autores han creído ver en la lectura digital una serie de riesgos inevitables, alguna forma de decadencia intelectual, una pérdida. En mi opinión esta forma de ver las cosas se basa en una confusión que el paso del tiempo despejará por completo, aunque será el futuro quien tenga que sancionar definitivamente esta cuestión. Lo más común es afirmar que la lectura digital dispersa la atención, evita el abismarse en una trama, impide la lectura concentrada. Nos parece que esa dispersión, en la medida en que se dé, no es nada muy distinto a lo que se experimenta cuando se está en una buena biblioteca en la que se nos facilita el acceso directo a los estantes. Por lo demás, como subrayan tanto Rico como Savater, dista mucho de estar claro que el orden sea la principal de las virtudes cuando se trata de lectura privada, y tampoco es evidente que la dispersión sea siempre negativa en materia de lecturas, al menos en ciertas fases del desarrollo. Sin embargo, cuando se trata de la forma de leer que se requiere para la investigación y el estudio, cualquiera que niegue las ventajas del entorno digital debería mirárselo, como dicen en Cataluña. Cabe recordar, a este respecto, que, como señaló Stillman Drake, en sus inicios, la imprenta tuvo más impacto en los círculos intelectuales ajenos a la universidad, que dentro de ellas, porque los profesores de éstas eran reticentes inicialmente a abandonar sus ideales medievales, y su apego a los manuscritos. Como verán, hay cosas en la historia que tienden a repetirse.

sábado 24 de abril de 2010

Día del libro

Según la tradición, más fuerte en Barcelona que en Madrid, me parece, el 24 de abril es el día del libro. Esto de celebrar “días de” es un recurso que se emplea, sobre todo, para promover causas que, por alguna razón, se supone que debieran suscitar más entusiasmo del que de hecho suscitan. No hay por ejemplo un día del dinero, o del fútbol, me parece que no lo necesitarían. El día del libro, en concreto, es un buen momento para practicar el fariseísmo cultural, que es una de las especialidades de la hipocresía que tiene mejor prensa.
Ahora se habla mucho de la crisis del libro y de la crisis de la lectura. Hay quienes, opositores a cualquier clase de cambios, ven en la tecnología, y, en especial, en los e-book o libros electrónicos, la causa universal de todos los males, una nueva barbarie. Tienen razón, desde el punto de vista de sus intereses, porque suelen defender un negocio que muy pronto va a desaparecer y que, en cualquier caso, no conocerá ya más días de gloria. Me refiero, como es obvio a la edición en papel, a la mercadotecnia de los best-seller, a la promoción de vistosos objetos con letra gruesa, destinados generalmente a los que apenas leen, si no es a impulsos de la propaganda.
Se equivocan gravemente en sus diagnósticos. El peligro para la lectura no está en la tecnología, sino en la ignorancia, en la mala educación, en el atontamiento general de esos públicos que se sienten obligados a leer libros como si fuesen noticias o signos de una moda, culta, por supuesto.
La lectura se está convirtiendo en una posibilidad infinita, barata, riquísima, gracias a Internet y a pesar de la imprenta. No hay que tener ningún miedo a que se pierda nada valioso, aunque no creo que se vayan a poder evitar las plagas, suecas o de otro tipo, porque los mercaderes no suelen tener nada de tontos y aprenderán, más pronto que tarde, a conquistar estas nuevas posibilidades, pero cualquiera que quiera aprender y no perderse nada de lo que considere esencial, lo tendrá más fácil que nunca.

viernes 16 de abril de 2010

De nuevo sobre el ISBN


Cuando se publica una edición digital de una obra cualquiera, las burocracias, siempre tan imaginativas, han resuelto que debe llevar un ISBN, si es que quiere ser un libro. Lo curioso es que ese ISBN debe ser distinto para la edición digital que para la edición impresa, es decir que para los burócratas, un libro digital, y esa misma obra en papel, son libros distintos.
Está claro que el concepto de libro de los rectores del ISBN es bastante absurdo. ¿Qué diferencias hay entre una versión digital de Marinero en tierra, por ejemplo, y cualquier edición en papel de ese poema de Alberti? Ninguna, si nos atenemos a lo que el poema es, un ciento, si consideramos que un libro es un fajo de papeles con manchas de tinta; ahora bien, si así fuese, si un libro se redujese a ser un objeto físico, deberíamos caer en la cuenta de que ningún ISBN nos garantiza la identidad de su contenido, pues son infinitas las circunstancias y las erratas que pueden alterarlo.
Lo que resulta decisivo en un libro es aquello que dice, no el formato con el que pueda leerse. Eso favorecería que, en las actuales circunstancias, en plena era digital, fuésemos cayendo en la cuenta de que el ISBN, o cualquier otro marbete alfanumérico que lo pueda sustituir, lo que realmente hace es señalar una obra original, una identidad lógica, y que esa obra distinta a cualquier otra, pueda ser leída de formas distintas, en papel y en pantalla, por ejemplo, para nada afecta, como tal, a su mismidad; que el ISBN de un libro digital sea distinto del correspondiente a esa misma obra es, simplemente, un disparate fruto de una confusión. En realidad las ediciones digitales no necesitarían para nada un ISBN, pero puestos a dárselo, lo lógico es que lo hubiesen compartido con sus análogos de papel.

lunes 29 de marzo de 2010

Kindle para PC

Como cliente de Amazon he recibido un correo que me brindaba la posibilidad de emplear un programa especial para leer los libros de Kindle en el PC. No he comprado un Kindle porque no me gusta el sistema cerrado que impone a sus usuarios y la exclusividad de sus fuentes, aunque ahora ya puede aliviarse usando el dispositivo para leer textos que hayan llegado a un PC por diversos procedimientos; pese a esa posibilidad todavía no me he decidido a comprar un Kindle, y uso a plena satisfacción mi lector Papyre, como saben mis lectores, escasos pero selectos.
Sin embargo, me he descargado el programa de Kindle y he bajado alguno de los libros gratuitos (por ejemplo, On the Duty of Civil disobedience de J. D. Thoreau, que es un auténtico placer) de la biblioteca digital de Amazon&Kindle y tengo que decir que el programa es estupendo, que la lectura es muy grata (siempre dentro de la molestia de las pantallas de PC) y que no descarto usarlo para leer y consultar en el PC mis libros digitales, una vez que haya sucumbido a la compra del Kindle y los haya pasado a través del PC, pero algo es algo. 

sábado 20 de marzo de 2010

Manifiesto por la libertad en Internet



El Gobierno ha aprobado en su reunión de Sevilla la ley propuesta por la señora González Sinde que facultará a su Ministerio para cerrar páginas web mediante un procedimiento rápido y efectivo. Este proyecto atenta contra una libertad que es más importante que el supuesto derecho de los autores a cobrar por cada copia de sus obras o, incluso, por cada acto de lectura de esa copia. No deja de sorprenderme que personas supuestamente de izquierda defiendan con tanto ahínco una forma de propiedad tan discutible. Se ve que les pesan más los duros que las ideas, aunque se digan defensoras de Castro, o precisamente por eso.
La lucha contra esa ley es una lucha contra una forma moderna de privilegio, no menos rechazable que cualquiera de las viejas. Reproduzco, por tanto, el Manifiesto que ya coloqué en este sitio al comienzo del movimiento de rechazo de la ley que promueve un gobierno que se muestra tan insensible a las libertades que dan vida, interés y beneficio, a Internet y a tanta gente, para proteger los intereses egoístas de unos pocos que, en realidad, no saben entender hacia dónde va el mundo y tienen miedo.
MANIFIESTO POR LA LIBERTAD EN INTERNET

Ante la inclusión en el Proyecto de Ley de Economía sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de Internet manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos que:
  1. Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.
  2. La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial -un organismo dependiente del ministerio de Cultura-, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.
  3. La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.
  4. La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.
  5. Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.
  6. Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales,en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.
  7. Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.
  8. Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.
  9. Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.
  10. En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.

lunes 15 de marzo de 2010

La neutralidad de la red

José Antonio Millán llama la atención sobre el principio de neutralidad de la red que implica el que los portadores de señal no interfieran ni controlen los contenidos que transportan. Ese principio se pondría en riesgo si se consintiera a las empresas de telecomunicación, por ejemplo a Telefónica, que pudiesen cobrar a Google por indexar los contenidos de las páginas web que las telecos sostienen y por las que cobran sus dineritos. Es lógico que las telecos se preocupen por sus ingresos, pero no veo razonable esta pretensión, puesto que ya cobran a Google, como a cualquiera, por el uso de sus infraestructuras y, además, gracias al trabajo de los buscadores se genera un enorme tráfico de millones de personas que también les pagan sus servicios.

En este mundo todo cambia muy deprisa y no hay que preocuparse porque puedan cambiar las formas de obtener ingresos de los distintos actores, pero las telefónicas, que ven cómo ha bajado el consumo de telefonía clásica y, a medio plazo, se temen lo propio con la telefonía móvil no debieran perder los papeles y tratar de cobrar dos veces por el trabajo de los demás. Espero que no salgan adelante este tipo de iniciativas, porque el futuro de la red y los beneficios que todos hemos sacado de ella estarían realmente en peligro.

sábado 6 de marzo de 2010

Descubriendo la lectura profunda

Pese a que uno sea un mediano lector, y pese a haber dedicado algunas horas a pensar en la lectura, debo reconocer que me sobresalto cada vez que leo las reflexiones de Joaquín Rodríguezsobre la “lectura profunda”, un tipo de lectura, la verdad, cuya naturaleza no acabo de captar, ni siquiera superficialmente. Dice nuestro autor que es “la lectura que Proust practicaba y a la que su escritura invitaba” (bella aliteración, pardiez) y que es “aquel tipo de lectura que caracteriza más apropiadamente nuestro intelecto: el razonamiento inductivo y deductivo, ciertas competencias analógicas, el análisis crítico, la reflexión, la penetración y la agudeza intelectual”. ¿A que impresiona? Yo estoy de acuerdo con que haya que caracterizar apropiadamente al intelecto, y, sin embargo, esta enumeración me deja perplejo, estupefacto. Yo creo que al propio Rodríguez tampoco acaba de convencerle un rosario tan variopinto de cualidades, porque inmediatamente aclara que “el libro, el texto encuadernado entre dos cubiertas, es un tipo de tecnología que ordena el significado linealmente confiriéndole estabilidad, un tipo de tecnología que demanda la atención y la concentración del lector en un acto de íntima entrega dedicado a descifrar las capas acumuladas de sentidos y significados”. Lo de la íntima entrega puede sonar un poco rijoso, pero hay que reconocer que es una metáfora molona.

¿Querrá esto decir que no lee el lector sino el libro? Rodríguez advierte de que con la lectura digital, “se cae en ciertas añagazas y trampas inherentes a la cultura digital: el énfasis desmedido en la inmediatez, en la sobrecarga y sobreabundancia indiscriminada de la información, en un tipo de cognición condicionada o intermediada solamente por medios digitales que implica o promueve la velocidad desalentando la reflexión y la deliberación propia de la lectura profunda”.

Yo mismo empiezo a tener dudas de haber entendido un texto de Thomas Nagel que acabo de leer en un formato digital, aunque, a decir verdad, creía que sí, pero ahora ya no estoy cierto. ¿Tendré que comprar la tecnología de papel correspondiente para entender las sutilezas del filósofo norteamericano? ¿Habré entendido con la debida profundidad las ideas de Rodríguez, puesto que no he tenido la preocupación de encuadernarlas? No se crean que Rodríguez habla de memoria de estas cosas, porque siempre procura estar al día, y no hay cosa que se le escape, aunque temo que eso le distraiga de su degustación celulósica de Proust. Ahora aduce un texto de Maryanne Wolf, en “The importance of deep reading“, que, al parecer, está muy en su línea, una ensalada entre Proust y la configuración, por supuesto que también profunda, de nuestrasredes neurales; ya se ve que no estamos ante prejuicios sino ante puritita ciencia. Lo dicho, no se les ocurra leer un e book y, mucho menos, que caiga en manos de sus niños. Como remacha Rodríguez no se trata “de un cambio de formatos o de soportes, sino de una transformación cognitiva de primer orden”.

No sé qué más decir, salvo que quedan advertidos.

jueves 4 de marzo de 2010

El ISBN y los libros digitales

Gracias a José Antonio Millán y su Libros y bitios, me entero de que la agencia internacional del ISBN pretende que los libros digitales tengan un ISBN distinto, a semejanza de lo que ocurre con las diferentes ediciones en papel.

A salvo de mejor opinión, creo que se trata de un intento quimérico de controlar algo que, ni necesita, ni admite, ese tipo de control. Las burocracias tardan en comprender que las cosas cambian. Seguir pensando en los libros digitales en términos de libros de papel es casi inevitable para cualquier funcionario, aunque sea un error muy de fondo. La edición digital nos permite pensar en la mismidad de un texto, en su identidad, en términos completamente distintos de los usuales para referirnos a libros de papel, a objetos.

No creo que en esto se pueda ver ninguna amenaza a la integridad de las obras, a la autoría o a la edición de calidad. Creo exactamente lo contrario, pero todavía no tenemos los medios precisos para poder crear los identificadores adecuados, o, mejor dicho, los tenemos, pero no hemos adoptado ninguna solución, aunque sea claro que el ISBN no lo es.

Los textos digitales admiten, en principio, identificadores internos, etiquetas que podrían formularse para que designasen a un determinado texto y nada más que a ese texto, de manera completamente independiente de los caracteres de su edición en papel o digital. Se trata de un tipo de etiquetas que todavía no existen, pero que existirán y que recogerán notas esenciales del texto, no de sus ediciones, aunque sí de sus variantes, cuando las haya. Hay que reconocer que empieza a ser urgente la existencia de tales adminículos, pero no conviene olvidar que el ISBN llegó cuando el número de publicaciones ya estaba muy crecido.

¿Cómo podrían ser esas etiquetas? Creo que Karim Gherab Martín y yo mismo hemos desarrollado algunas ideas claves para afrontar esta tarea, y también me parece tener ideas bastante claras sobre el asunto, pero a lo mejor me equivoco, y, en cualquier caso, no me caben en este post.

lunes 15 de febrero de 2010

Confundir la velocidad con el tocino

En diversos foros se ha hecho referencia a un informe sobre los riesgos de la perdurabilidad de los archivos digitales. Se trata de un problema serio, sin duda, pero varias de las cosas que he leído se remiten a confusiones interesadas, incurren una vez más en la necia glorificación del papel y de la imprenta.

Me parece que es muy importante diferenciar claramente tres cuestiones. En primer lugar, se afirma que los documentos digitales son mucho más vulnerables al paso del tiempo que los documentos impresos, porque los medios de comunicación en la que se encuentran almacenados son fácilmente afectados por fenómenos físicos, como campos magnéticos, la oxidación, el deterioro material, y por diversos factores ambientales que pueden borrar la información. Si los soportes en papel fuesen eternos e imborrables, entendería la crítica, pero, puesto que no lo son, lo único que parece claro es que hay que ser cuidadosos con los archivos digitales, pero nada más. Sabemos lo que dura el papel, pero todavía no sabemos lo que duran los soportes magnéticos, aunque, a cambio, tienen la increíble ventaja de que nos permiten copias continuas y extraordinariamente baratas que renuevan la duración de los soportes. Realmente hay que ser un poco raro para ver desventajas del archivo digital por este lado.

En segundo lugar, se comete una falacia realmente curiosa cuando se argumenta que la información digital puede no ser entendida por las generaciones futuras. Naturalmente, pero la información en papel también tiene el mismo problema. Bastará con recordar que, como escribió McIntyre a propósito de la objetividad en la lectura de los textos antiguos, “la noción de una traducción intemporal perfecta carece de sentido”. Lo que hará difícil la lectura de nuestros textos digitales a unos supuestos humanos de dentro de 3000 años es lo mismo que nos hace difícil hoy la lectura de textos griegos: nada que ver con el soporte, sí con la historia de la lengua.

Por último, es evidente que puede resultar conveniente no abandonar el archivo de soportes analógicos para garantizar mejor que la información seleccionada sobreviva, pero es una idiotez decir que eso supone hacerlo independientemente de la tecnología, como si la imprenta no fuera una de ellas. Está claro que algunos creen que la imprenta y el papel son dones de los dioses y la era digital un invento de los demonios americanos.

El problema del archivo futuro es muy complejo, entre otras cosas porque cada vez hay más cosas que guardar y cada vez será más difícil hacerlo, pero con solo papel sería ya imposible.

miércoles 3 de febrero de 2010

Factual devuelve el dinero

Factual es el nombre de un nuevo periódico, si se puede llamar así, de un informativo digital. Se lanzó a la red mediante una campaña muy llamativa. Su principal novedad fue que iba a ser un periódico de pago, un curioso experimento. Su mayor atractivo, el que estuviese dirigido porArcadi Espada, un periodista y escritor (aunque la conjunción me parezca innecesaria, es muy usual) cuyos textos sigo con asiduidad, provecho y gusto. Fui de los que pagaron sin vacilar lo que se pedía para acceder a un invento tan atrevido y original.

Hace tan solo unos día Arcadi ha dimitido, y ha explicado a sus lectores que no estaba en condiciones de garantizar la continuidad del proyecto en el que se había y nos había embarcado; luego vinieron más cambios, y pronto se anunció que el medio iba a dejar de ser de pago, es decir, un experimento abortado con gran prontitud.

No puedo decir que Factual me gustase, en realidad me parecía, sobre todo, un intento inmaduro y muy alejado de lo que se suele entender por un diario, pero el aprecio de Arcadi por una objetividad esforzada, y su calidad literaria, me compensaron del gasto y fueron capaces de mantener la motivación para el ojeo diario. Aunque el nuevo director, Juan Carlos Girauta, es también un escritor estimable y al que he seguido, con menos asiduidad que a Arcadi, pero con alguna frecuencia, no pensaba seguir leyendo Factual, porque había perdido uno de sus mayores atractivos.

Ha habido una noticia sorprendente que, sin embargo, me ha hecho cambiar de actitud. Factual va a devolver el dinero a los que pagamos por una suscripción a algo que ahora va a ser gratuito. El hecho me parece tan asombroso, en especial si se lleva efectivamente a cabo, que volveré a dar al digital una oportunidad. Les deseo suerte y que acierten a hacer algo que me guste más de lo que me gustaba.

Francia desafía a Google

El ministro de Cultura francés pretende que Google, al que acusa de "conquistador" del espacio digital europeo, no obtenga el uso exclusivo de los libros que digitaliza. Este discurso tiene su precedente más conocido en un artículo publicado en Le Monde en 2005 por el antiguo presidente de la Biblioteca Nacional de Francia, Jean-Noël Jeanneney.

Haría bien el ministro en preguntarse en primer lugar porqué el "conquistador" proviene de EE.UU. y no de Francia, y, en segundo lugar, qué sucedió con el buscador pan-europeo Quaero, presentado a bombo y platillo como una respuesta à la Airbus frente al reto lanzado por Google. Quaero es ya historia. Además, es difícil entender a qué se refiere el ministro cuando se refiere a Google como conquistador. Puede que Google se haya convertido en un imperio que empieza a representar un peligroso monopolio en la red, pero, en cualquier caso, ello se debe a su buen hacer, que ha sido recompensado por los usuarios que han elegido hacer uso de sus servicios.

Tanto José Luis González Quirós como quien esto escribe tenemos dos libros indexados en Google Libros. Ambos libros (uno en inglés y otro en castellano) nos permiten tener visibilidad en el mundo entero y nos dan la posibilidad, primero, de ser leídos y, segundo, de conseguir unos pocos eurillos adicionales. Por supuesto, aún no existe la posibilidad de que hagamos lo propio ni con Gallica ni con la Biblioteca Digital Hispánica.

En relación al derecho de exclusividad de Google al que se refiere el ministro francés de la Cultura, Frédéric Mitterrand, parece sensato que Google reclame la exclusividad del 80% de las obras escaneadas para proteger así la inversión realizada, a saber, la digitalización de millones de libros de bibliotecas públicas y/o privadas gracias al músculo de su capitalización bursátil. No hay que olvidar que Google es una empresa privada que ha arriesgado, y mucho, invirtiendo en cultura, y tiene por tanto todo el derecho en recuperar la inversión realizada no permitiendo a la competencia tener acceso a los fondos digitalizados. Hasta donde yo sé, Google no se opone a que otros buscadores (Yahoo, Microsoft Live, Ask Jeeves, etc.) hagan lo propio. Tal vez el problema es que nadie más tiene la osadía que ha tenido Google, a saber, de entrar en un coto hasta hace poco cerrado, en manos de museos y bibliotecas públicas que guardaban sus fondos como tesoros propios.

Me malicio que algunos responsables culturales y ministros piensan que en el momento en que todos seamos poseedores de sus tesoros, desaparecerá la razón de ser de sus bibliotecas y de sus ministerios. Creo que su equivocación radica en pensar que su cometido futuro, en la era digital, habrá de ser obligatoriamente el mismo que en el pasado, a saber, la guarda y custodia de los textos. Es hora que vayan entendiendo que las reglas de juego han cambiado y que si Google es más rápido en ofrecernos cultura es porque ha entendido mejor que nadie lo que buscan sus usuarios.


viernes 29 de enero de 2010

La unión hace la fuerza

Según una reciente noticia, El grupo PRISA ha sellado una alianza con Indra para la implantación de un nuevo modelo de tecnologías de la información y comunicaciones que funcionará como una "herramienta transversal y común" para todas las áreas de negocio del grupo a nivel global.

Parece que algo se mueve por fin en el negocio de la prensa escrita. Por lo visto, PRISA se ha dado cuenta que las estrategias del enroque y de las murallas defensivas eran eficientes en el mundo físico pero carecen de sentido ante el imparable avance de tsunami digital. Internet fuerza la adopción de nuevos modelos de negocio basados en una clara apuesta por las redes sociales y la integración y sinergia de los diversos canales de comunicación que están emergiendo en la Red.

Los retos a los que se enfrentan PRISA y el resto de empresas de comunicación son enormes, y sus soluciones son aún desconocidas. Sin embargo, cualquier respuesta razonable pasa por adaptarse al nuevo medio y no por su negación. El "negacionismo", esto es, el rechazo a enfrentarse a la creación de nuevos modelos de negocio, ofrece la dudosa ventaja de retrasar lo inevitable al coste de condenarse al suicidio empresarial. Es un pacto con el diablo: la obtención de una dolce vita presente a cambio de la muerte eterna.

Cabe pues felicitarse que en un país como España, poco entusiasta de la tecnología y proclive al discurso del "que inventen ellos", un grupo de comunicación se haya aliado con una empresa tecnológica en un proyecto común con el fin de investigar nuevos modelos de negocio basados en la sinergia de contenidos provenientes de diferentes canales y plataformas.

martes 26 de enero de 2010

Un tablet para un milagro

Llevamos unos días en un sinvivir a la espera del nuevo artilugio, del archifamoso tablet de Apple. Si no fuera que los avispados genios de esa empresa, empezando por el superlistísimo Jobs, han hecho antes diversos milagros, diríamos que peor será la resaca, que nunca un aparato resolvió nada. Apple apuesta siempre por algo distinto a un mero aparato, por una forma de relacionarse con la información que nos interesa, con las diversiones, incluso con lo que necesitamos. Parece una actitud correcta por oposición a otros que, como Nokia, marean al consumidor con cosechas enteras e incesantes de dispositivos perfectamente indistinguibles, salvo para los ingenieros.

Yo creo que, pese a la imaginación de Apple, la única novedad que ahora sería realmente asesina es un dispositivo capaz de servir como lector y con un nivel alto de interactividad, pero con tinta electrónica en color. Mientras no exista esa posibilidad de lectura, todo lo que tendremos es un nuevo portátil, de una u otra forma, pero un portátil. Y es que lo que se necesita verdaderamente es dispositivos lectores de mayor calidad e interactividad y, sobre todo, de servicios más eficaces y accesibles, de buenas ediciones, de algo que merezca la pena leer, que mejore realmente la mayoría de las cualidades del libro tradicional y sea, además, barato.